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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Supone que lo dijo

No siempre el no aceptar en un rechazo,
puede ser un consentimiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hay frases que nos hacen ver como eruditos cuando las usamos bien, si no es así, sólo queda que nuestros interlocutores no tengan idea de su uso particular para no quedar como tontos; hace años tuve la osadía de involucrarme en la crítica sobre la frecuencia de una frase muy usada por los abogados, gremio que tradicionalmente ha tenido la fama de expresarse muy bien en el idioma de Cervantes, aunque a decir verdad, todos hemos pensado en algún momento en que deberían bajarle a su rebuscamiento en los documentos legales. En fin, la costumbre hace que mucho de lo que escuchamos diariamente lo demos por entendido por estar bien dicho, aunque la estructura de las oraciones nos indiquen que se está diciendo algo totalmente distinto a lo que se pretende, en términos generales.

La mayor parte de los equívocos involuntarios y casi imperceptibles se dan porque no atendemos a la lógica de los significados de las palabras, aunque tampoco nos alejamos mucho de ellos. Una de las causas es que nos pareciera que nos da pena consultar un diccionario, como si fuera una vergüenza ignorar cosas, por lo cual fingimos que sabemos. Es un costal muy pesado el que cargamos si después de la universidad pensamos que debemos saberlo todo, cuando se honra más a nuestra práctica aceptando que hay un margen extenso para que podamos seguir investigando y aprendiendo, por lo que sería prudente que todo lo que escuchamos o leemos como las frases hechas o de moda, pasaran por un leve pero sustancioso escrutinio y así estar seguros de que lo que pronunciamos, es lo que queremos decir.

Para el caso que tomo hoy, he de hacer referencia a una expresión muy usada por los abogados y algunos otros profesionales que la esgrimen para indicar que dejan pasar algo con lo que no están de acuerdo. La frase en cuestión es “aceptando sin conceder”; parece que da a entender la intención sin mayor problema y al último que se la escuché fue al psiquiatra Pepe Newman, de todos mis respetos, pero me imagino que la utiliza por costumbre y porque no tiene mucho tiempo para andar analizando tontería como un servidor, por cierto mi estimado Pepe, qué buen perfil del presidente diste en esa entrevista. Bueno, sin distracciones, el caso es que no es sólo por él que me tomo el tiempo de analizar la dichosa frase sino porque, como ya mencioné, es una muletilla muy usada por los abogados.

Conceder algo cuando ya se aceptó está de más, puesto que la aceptación implica que ya no se le pondrá peros a lo que se esté discutiendo; conceder, por el contrario no significa que ese algo sea aceptado. Por ejemplo, un regalo se acepta y se porta con gusto cuando así sucede, si se rechaza, no hay vuelta de hoja; en un crucero, dos automovilistas pugnan por su derecho de paso, si ambos creen tener la razón pero al menos uno es prudente, éste cederá su turno para que el otro circule, mantendrá su idea de que la razón le asistía pero concedió que el otro podía pasar. ¿Qué sucede en el segundo ejemplo si uno de los dos acepta que está equivocado? No cede ni concede, simplemente esperará su turno; por lo tanto, si quisiéramos utilizar la frase, ésta debería decir: “concediendo sin aceptar”. ¡Arroz! Salud.

Beto

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