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| La diversidad pasó a un segundo plano. Foto: BAER |
La mente liberal de finales del siglo XIX dio paso a un pensamiento pseudo social que buscaba algún tipo de igualdad diferente a la aspiración anterior de que toda la población fuera ilustrada y progresista, pero sin dejar de lado el rasgo doctrinario que compartía con ella; los liberales pretendían convencer a la población de las bondades del comercio y el tránsito abiertos mientras que los revolucionarios trataron de volver a una idea igualitaria de arduo trabajo, pero ninguno de los dos contempló que sus “igualdades” no encajaban del todo en una población que siempre se ha caracterizado por su diversidad y la supuesta denominación de origen a la que se le sometió desde la obtención de la independencia, no ha permeado en todos los niveles que la componen, niveles que acentúan la desigualdad.
Es cierto que a nivel de instrucción pública debe haber una base de conocimiento que llegue a todos los rincones del país, eso es indiscutible, lo censurable es que su aplicación no puede ser igual en Tijuana que en Mérida por el simple motivo de los rasgos culturales dominantes; si Lucas Alamán hubiera dado cuenta de sus pretensiones a todos los involucrados en el plan nacional de educación de su época y hubiera dejado abierta la interpretación local a los contenidos, seguramente no estaríamos padeciendo las faltas que actualmente aquejan a las aulas del país, pues una cosa es llenar cerebros de conocimiento general repitiendo datos y otra muy distinta entender para qué van a servir en la vida cotidiana de cada estudiante que asiste a eso que llamamos escuela.
La escuela del México recién independizado respondió a una única necesidad conceptual: la modernización que partía de la base de que éramos un país atrasado, ignorante y falto de cultura, dejando de lado toda la riqueza que hubiera producido la Colonia, algo que parecen haber copiado todos los gobiernos posteriores dado que no ha habido uno que reconozca la labor de su antecesor. Eso me hace pensar, al igual que varios teóricos de finales del siglo pasado, que la creación de programas de estudio responde más a lo que esté de moda en Europa y Estados Unidos, que a un estudio a fondo de lo que pasa y necesita este país. El ejemplo actual con los libros de texto, pretexta una incitación a la investigación, cuando ni siquiera los maestros tienen claro cómo investigar, así, sólo aparecen incompletos. Salud.
Beto

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