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miércoles, 22 de noviembre de 2023

Honrarás las fiestas

¿Y si de verdad no sabemos qué festejar?
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Sobre un acontecimiento que nada tuvo de festivo, las conmemoraciones se vuelven cada vez más huecas y sin sentido; la revolución que tanto presumieron sus herederos, ha quedado en manos de los sectores más sanguinarios de la milicia y su brazo civil armado, la delincuencia organizada. A pesar de ello, seguimos pensando que el capítulo revolucionario de nuestra historia es importante porque con él logramos manejarnos por nosotros mismos, que la autonomía nos define como pueblo y que hay una soberanía que debemos defender a toda costa de las garras de posibles invasores extranjeros, cual si fuera un mester de caballería plasmado en las páginas del Quijote, de Amadís de Gaula o de Florisando pero, ni Cervantes, ni Garci Rodríguez, ni Ruy Páez darían crédito a lo que pasa en la actualidad.

Ni hablar de los héroes patrios que derramaron su sangre por defender los ideales de una nación que apenas estaba acostumbrándose a vivir libre y soberana, pues hemos venido enterándonos que ni tan nobles ellos ni nos dejaron tan libres a nosotros. La supuesta soberanía se pierde en un mar de discursos demagógicos y panfletarios que nos describen un país que sólo existe en las cabezas febriles de quienes nos dirigen y en los libros de texto que producen; son ese armamento, se meten en temas que no les corresponde abarcar, como en el caso de institucionalizar el 12 de diciembre como asueto nacional. Olvídense ya de que se trate de un tema religioso en un estado supuestamente laico, hacer día nacional un evento que nunca pasó es la cuestión; Juárez debe estar azotándose en su tumba.

Y muchos otros también, después del sangoloteo del que fueron objeto cuando los movieron de la Columna de la Independencia para reconocer sus restos; resulta algo ilógico que se les venere ahora que han estado saliendo al sol, los yerros que cometieron en cada empresa a su cargo más que nada, por el lugar en el que nos encontramos al heredar sus ambigüedades y transformarlas en malas mañas. Festejamos la Independencia porque nos queda claro que es bueno el no tener a una metrópoli decidiendo por nosotros sobre lo que haremos de nuestras vidas, pero ¿de qué nos alegramos en la revolución? Cada participante en el movimiento armado fue víctima de traición o traicionó a otro sin escrúpulos ni remordimiento alguno, dejando en claro que lo único que los movió fue la satisfacción de sus necesidades.

Imaginemos que podemos tener una entrevista o mejor un panel con los protagonistas del movimiento armado de 1910, ¿qué les preguntaríamos? Hay que tomar en cuenta que algunos de ellos no soportaban el ser cuestionados, su formación militar o los eventos traumáticos que padecieron de jóvenes quizá tuvieron que ver o padecer; al fin humanos, tenían que sucumbir a las tentaciones propias de su tiempo, que en realidad son las mismas de todas las épocas, sólo que cambian los conceptos de sofisticación y permisividad. Que un ranchero tomara como pretexto la violación de su hermana para voltear al país de cabeza y eso se equiparara después con la lucha por reivindicar a los campesinos del sur, no parecería muy loable a principios del siglo pasado, pero en estos tiempos es imprescindible desmitificarlos y darles un justo valor. Salud.

Beto

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