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miércoles, 1 de noviembre de 2023

Dependencia e interdependencia

Hasta limpiar, si se hace en equipo,
se hace mejor. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El concepto de reciprocidad se utiliza en eventos específicos, como para aclarar el papel que juega cada uno de los integrantes de un proyecto, un concepto con el que más o menos entendemos que somos iguales a los demás en cuestión de derechos y oportunidades, esquema que todos debemos compartir sin importar las diferencias artificiales que nos hayamos impuesto vía legal o divina. El mayor síntoma de esa igualdad es la interdependencia, porque todos, por algún momento ante la adversidad, nos hemos sentido vulnerables, aunque el problema parezca una nimiedad. Piensen en la angustia que producen el extravío de una llave, la ponchadura de una llanta o un taponazo en el excusado. Si sabemos cómo resolverlos y tenemos las herramientas necesarias para hacerlo, el problema está resuelto.

Pero si una de esas dos condiciones falla, la dependencia en otra persona cae sobre nosotros haciéndonos pensar en las ocasiones en las que tuvimos la oportunidad de aprender o adquirir lo necesario para dar mantenimiento a nuestras cosas. Mientras la dependencia es una condición natural entre los animales mientras las crías están indefensas, la interdependencia es un acuerdo tácito entre entes que aportan un beneficio mutuo, como en la relación entre polinizadores y plantas. En el caso específico de los seres humanos, la interdependencia se hace a veces hasta por contrato, cuando vamos a prestar servicios a una persona, ya sea física o moral, sin embargo, la dependencia, si no es por accidente, la tratamos como algo indigno.

Como todo lo racional, la edad propuesta para que un individuo comience a ser independiente es de dieciocho años cumplidos, la cual no es acorde al ideal escolar de que al menos todos contemos con licenciatura, porque quizá se piense que con un grado de preparatoria, ya se es capaz de desenvolverse en el campo laboral. Sin embargo, habría que tomar en cuenta que el lóbulo frontal, la parte del cerebro responsable de la toma de decisiones, a esa edad aún no ha madurado del todo, sucediendo esto al rededor de los veinticinco años cumplidos, lo que hace que los márgenes legales no coincidan con los biológicos y posiblemente, así como los rasgos sexuales se van disparando a una menor edad con cada generación, la madurez de nuestro cerebro se haya retrasado también.

Eso explicaría, de alguna manera, ciertos comportamientos sociales, por ejemplo, la no aceptación de la edad por la creencia de que la juventud es la mejor etapa de la vida por lo que debería ser eterna, que la máxima del individualismo es que sólo yo y la satisfacción de mis necesidades importamos que el enseñar y el aprender son actividades aisladas; la enseñanza de la etapa dependiente debería proveernos de la templanza suficiente para adquirir la sabiduría, las herramientas y el coraje suficientes para volvernos seres independientes que logren valorar los trabajos de otros con la confianza de que nos serán y seremos útiles en el futuro. Ser independiente significa entonces, sabernos partícipes del desarrollo comunal con las responsabilidades y ventajas que el grupo provee. Salud.

Beto

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