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miércoles, 25 de octubre de 2023

El sentido crítico

Criticar no es saber cómo funciona algo, sino también
cómo mejorar ese funcionamiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No es patrimonio de unos cuantos ni mucho menos una dádiva que se otorga para caer bien, el ser crítico fuera de los medios de comunicación (información en realidad), se ve como una libertad que sólo se conceden quienes se suponen por encima de los demás, por lo que a la vista de todos, están cometiendo una falta de educación; pero lo anterior le sucede lo mismo que al concepto de discriminación -tratado en una ocasión anterior- algo que todos hacemos pero que condenamos sistemáticamente descontextualizándola. Pues bien, todos criticamos, damos nuestra opinión sobre algo aunque no tengamos idea de lo que se trata y la actividad en sí misma, es tan neutra como el uso de la tecnología, a la vez, puede convertirse en un arma de doble filo si no se tiene el cuidado suficiente para ejercerla.

Ser crítico no es ser criticón, la criticidad responde a varias reglas para poder tener la autoridad suficiente para ser escuchado, las bases teóricas son necesarias al momento de señalar carencias o faltantes en el trabajo de otros y, lo más importante, proponer formas o vías de mejora dentro del contexto en el que se presentó la obra en cuestión, porque resulta tramposo “demoler” lo que otros hicieron afirmando que en otro contexto sería mejor. Aparte, como punto medular el crítico debe ser consciente de que, al llevarse, debe aguantarse; en algún momento el crítico debe ser criticado como una norma para que su trabajo se mantenga con los pies en la tierra, coherente con el entorno al que presta servicio y sea, en todo lo posible, un agente de cambio y no un monigote al que hay que esconder el trabajo.

El protocolo para adquirir sentido crítico puede variar según la escuela teórica o el individuo pero el origen es el mismo para todos, el cual es la auto crítica. Una práctica que requiere de muchas repeticiones diarias para que se ajuste lo más pronto posible dado que, como es errática al principio, corremos el riesgo de ser o muy benévolos o demasiado crueles; la razón de lo anterior es que hemos cargado, como sociedad, con el estigma de que todo lo que hagamos debe ser perfecto, suponiendo que el significado de ese concepto es sin falla. Lo malo no es sólo eso, también nos da por pensar que esa perfección debe ser eterna, cuando que todas las obras humanas presentan un inicio, una consolidación y fecha de caducidad, independientemente de que su base sea la piedra.

En este sentido, no es que lo producida se eche a perder, sino que los intereses tanto de creadores como de consumidores cambian por distintas razones de formación, de hábitos o de aficiones, todo lo anterior desde la óptica del intercambio comercial. Ante esta dinámica constante, debemos preguntarnos ¿cuáles son las intenciones de eso que se transforma? ¿A quién beneficia que se hagan las cosas de distinta manera? ¿Qué beneficios traerá a la comunidad? ¿Cómo puedo participar de dichos cambios? ¿Cuánto es posible que duren las cosas en esas circunstancias? Poniendo principal atención en nuestros aportes, máxime cuando se trate de acciones de participación ciudadana, candidaturas, cambios estructurales en las reglas de convivencia, para que no nos agarren en curva. Salud.

Beto

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