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| Cualquier arma salió de un conocimiento previo. Foto: BAER |
El lenguaje del conocimiento ya está dado y es responsabilidad de los encargados de su difusión el crear lenguajes y metalenguajes alternos para hacerlo accesible a sus pequeños o grandes públicos; esto sucede más que nada en el mundo académico, en el que la materia prima para descubrir el mundo y las sociedades, es el conocimiento registrado en diferentes documentos escritos, filmados o grabados, cuya elaboración tuvo que pasar por el filtro del saber, para después ser aceptados como patrimonio científico y ser compartido en las aulas del país. Sin embargo, su acceso no es exclusivo de la academia, menos ahora en que se encuentra registrado en redes cibernéticas al alcance de cualquiera que sepa usar y sacar el mayor provecho de los dispositivos móviles.
Que eso es también un nicho de conocimiento; el uso de la tecnología (cualquiera que sea), desde la aparición de los utensilios más rústicos, ha manejado su propio lenguaje o lenguajes, tanto en su manipulación como en la transformación del entorno. Un ejemplo claro lo encontramos en la invención del arco y la flecha, sus usos y su aplicación no tienen mayor dificultad para su entendimiento y ser bueno manipulándolo requiere de disciplina y conciencia de tiempo y espacio, lo único que cambia su concepción es el entorno en el que se utilice; si se establece en la sabana africana de hace siete mil años, será un instrumento para buscar alimento, si lo ubicamos en una planicie de Medio Oriente de hace tres mil años, será un instrumento de guerra.
En cambio, si vemos las transformaciones que ha sufrido para este siglo y lo ubicamos en San Salvador en este año, se convertirá en un instrumento de competencia deportiva, pero en ninguno de los tres casos perdió su esencia que es apuntar y dar en un blanco; el conocimiento está ahí, se coloca la flecha, se tensa el arco y se elige sobrevivir, asesinar o competir. El conocimiento funciona de manera semejante y ha pasado que en diferentes épocas se le ha visto como algo peligroso si se le comparte con todo el mundo, lo que parece contradictorio pues se supone que, desde la ilustración, la compilación del conocimiento garantizaría la libertad de pensamiento y, por tanto, la buena convivencia entre individuos, pero ya hemos visto que lo más inútil de la enciclopedia es no consultarla. Salud.
Beto

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