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| La producción en serie trasciende al aula. Foto: BAER |
Las características en abstracto de una enseñanza personalizada dentro del aula van desde la capacidad del docente de explicar claramente los contenidos de su materia, hasta el saber detectar lo que los teóricos llaman “áreas de oportunidad” en los estudiantes quienes, a su vez, deben saber expresar sus dudas así como lo que hayan entendido, todo en un marco temporal y especial suficiente para su mejor aprovechamiento. Lo anterior es una falacia en las aulas nacionales, si se toma en cuenta que en cada una hay un promedio de treinta alumnos para ser atendidos en cincuenta minutos; si suponemos que por muy breve que fuera una consulta, ésta nos llevaría entre tres y cinco minutos, sólo saquen sus cuentas.
Quitando el tiempo que debe utilizarse para la inducción y la práctica de la clase (aproximadamente 5 min. si se trata de una microclase o 15 min. en una normal) nos quedaría un lapso de 35 min. si bien nos va; digamos que somos unos verdaderos ases y que podemos resolver las dudas de cada alumno en 3 min., tendríamos tiempo para servir a once individuos, pero si requerimos hasta 5 min., el número se reduce a siete. Es cierto que no todo el tiempo los alumnos externan dudas y que sólo algunos son constantes así que podríamos pensar que, siendo generosos, un salón ideal lo compondrían quince muchachos. A pesar del número de egresados de las normales y la cantidad de profesionistas interesados en ejercer un tiempo en la docencia, las escuelas siguen hacinando las aulas.
Podrían decir que eso no pasa en la mayoría de las escuelas particulares de nivel superior y les daría la razón si no fuera un tema primordialmente económico, las colegiaturas son carísimas y no todos tenemos un alto presupuesto para fines escolares, lo que hace de la instrucción académica, la producción en serie de individuos con mediana preparación que deben completar sus conocimientos una vez obtenido un empleo. Y la sentencia se ha vuelto el grito de batalla común para todos: “donde de verdad aprendes, es en la práctica”; no voy a negarlo porque es una verdad a medias. Aprendes, claro, pero no aumentando tus conocimientos generales sobre la teoría, sino cómo debes subordinar lo que sabes a las maneras de hacer las cosas de otros y eso sí puede considerarse atención personalizada. Salud.
Beto

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