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| La imagen puede decir lo contrario de lo que somos. Foto: BAER |
El lucro pareciera estar del otro lado de la balanza pero no es así, cuanto mucho será la otra cara de una misma moneda, por lo cual deberíamos hablar de conceptos complementarios, es decir, de un lucro honorable; luchar está en la lista de nuestros derechos, por lo mismo, debe tratarse de una actividad racional a la que hemos puesto límites tanto en lo legal como en lo económico, que se aplica sólo a los objetos susceptibles de ser intercambiados y nunca a las personas o asociaciones. Hasta aquí la aclaración. ¿De dónde sacamos que lucrar es, de algún modo, algo peyorativo? Supongo que de la concepción históricamente heredada de que hemos sido abusados sistemáticamente por autoridades, gobiernos y extranjeros, pero de los cuales necesitamos su aprobación.
Estamos estacionados en una orfandad eterna que produjo un país de adolescentes que acaban de descubrir que su madre patria no fue tan pura ni su padre el invasor fue tan malo; la noción maniqueísta y telenovelera se rompe por lo más delgado que es la ausencia de identidad propia, buscada eso sí por diferentes caminos y afanes, con la esperanza de llegar a un punto en común que termine de una buena vez y por todas, con la incertidumbre que nos mantiene alejados y temerosos de nuestras responsabilidades como habitantes de este país. Parte de ese proceso es la aceptación de las propias culpas asumiendo las sanciones correspondientes, pero no reviste igual que si presumimos de haber saltado las trancas y salidos impunes, que si eso es nuestra costumbre, nos volvemos súper héroes.
Las fantasías de los que están fuera de la ley pero dedicados a hacer el bien, quedan perfecto en los cómics o en las películas, la vida real podría superar a la ficción, la vida real podría superar a la ficción pero por una razón particular, para crear algo fantástico sólo se requiere la imaginación de una persona, en la realidad, participamos todos, ese derroche infinito de inventiva es cíclico pues, sin importar la época, lo que a alguno no se le ocurra, otro lo pensará, la bondad o maldad en la aplicación de ello, dependerá de lo que entendamos por convivencia y, por ende, de honorabilidad. Podemos intercambiarlo por cualquier agente de consumo -dinero preferentemente- pero también en ese intercambio hay límites con los que nos damos cuenta cuan abusivos podemos ser o cuánto nos importa el bien social. Salud.
Beto

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