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miércoles, 14 de junio de 2023

Fierro contra la ley de ciencia

La ciencia en manos de Lutero. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- A pesar de tener un nombre romántico del siglo XVI, hizo gala de su apellido y se lanzó esgrimiéndolo en contra de la ley de ciencia; Julieta Fierro, astrónoma miembro de la Asociación de Artes y Ciencias de los Estados Unidos, se lanzó con todo para criticar el documento que pretende dar (¿o desaparecer?) otra fisonomía al CONACyT agregando a las siglas el término “Humanidades” y cambiando al parecer, a todo el personal que allí labora, a estas altura cabría preguntarnos ¿de qué sirve que los cerebros más preclaros del país señalen las pifias del gobierno si éste hará caso omiso de las advertencias? O también, suponiendo que, apoyados en la constitución, el jefe del ejecutivo no pretende reelegirse para el próximo periodo presidencial, ¿a quién está preparándole el terreno para que gobierne a gusto?

La investigadora titular del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, ganadora del premio Kumpke-Roberts, ha invertido su tiempo en estudiar la composición química de la materia interestelar y ante la posibilidad de tener de fijo una nueva ley que rija la vida científica del país, la doctora Fierro espera que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la eche para atrás puesto que, desde su perspectiva, no mejora el papel de las mujeres en la ciencia, no contempla la protección del medio ambiente y quita la participación de los científicos en la toma de decisiones en favor del ejército. Algo de todo eso debe saber una mujer que además ha sido reconocida por la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos.

Es un hecho que en nuestro país no se pondera a la investigación, no se invierte lo suficiente en tecnología ni se anima a los inventores a patentar sus productos aquí, las razones son muy variadas, pero las que puedo mencionar sin temor a equivocarme, son que vivimos en una economía emergente en donde ni las universidades tienen garantizada su existencia, eso las públicas ya no digamos las privadas. De todas ellas se puede decir que su autonomía depende de una legislatura que no las anima en absoluto a realizar proyectos duraderos de investigación, las que pueden hacerlos, ni siquiera preven una difusión masiva de sus resultados porque sus presupuestos de funcionamiento no contemplan canales de comunicación abierta.

Ni siquiera canal 11 del IPN o TV UNAM se han propuesto como difusores de sus propios programas de investigación, sirviendo sólo como canales culturales de entretenimiento, repetidores de otros como DW (Deutsche Welle) o National Geographic. Insisto en que la administración pública se ha distinguido siempre por ser mala propietaria tanto de fuentes de empleo en lo general como de medios de información en lo particular, por lo que ¿cómo es que podríamos suponer que, por decreto, va a administrar bien a la investigación y a la ciencia? Recordemos lo que hicieron en el sexenio de López (¡otro!) Portillo con el cine, capaz que, así como brilló entonces Sasha Montenegro, ahora lo haga la “investigadora” Karely Ruiz. Salud.

Beto

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