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| No paga, pero qué divertida es a veces. Foto: BAER |
Debido a que todos tenemos tanto la facultad como la curiosidad de utilizar nuestra materia gris, a que los descubrimientos que llamamos “caseros” se pueden difundir en estos tiempos con mayor celeridad y a que los medios para esa difusión están cada vez más al alcance de la mano, la información básica para nuestros descubrimientos que revolucionen la vida como la conocemos pueden surgir de donde sea, sin la mediación de instituciones que regulen la investigación usando presupuestos como vías de extorsión, es decir, la teoría no necesariamente está atada a instituciones centralizadas que dependan del dinero otorgado por los gobiernos, lo que mantiene la puerta abierta a particulares interesados en la investigación.
El científico sabe que lo que descubra o invente será patrimonio comunal, puesto que la esencia de su práctica es poner a la disposición de los demás su conocimiento; es algo así como los valores compartidos, por ejemplo la amistad, no podemos decir que somos amigos si no hay un depositario de ese sentimiento. Por otro lado, cada descubrimiento debe comprobarse en sociedad para tener la certeza de su veracidad o de que funciona, lo que despertaría el interés en invertir para su desarrollo por parte de un gobierno o de un particular, porque desgraciadamente, pocos investigadores tendrían los recursos suficientes para financiar sus propios proyectos, no todo el mundo puede ser Bruno Díaz, así que sólo aspirarían los investigadores a ser empleados o a conseguir un mecenas.
En un sentido muy estricto, todos hacemos ciencia en la vida cotidiana, ya sea en la calle o en nuestros laboratorios personales, pues qué otra cosa es una cocina sino eso; al cruzar una avenida realizamos cálculos mentales aunque no veamos los números en blanco como en las películas; pensamos en cuánta fuerza aplicar cuando vamos al mercado y levantamos en vilo las bolsas del mandado y nadie nos está vigilando; es posible que ya sea hora de hacer que la investigación se quede en manos de particulares, que sean ellos los que se encarguen también de su difusión porque, como todos sabemos, para lo único que se crea un grupo gubernamental, es para lo que menos sirven los que tenemos actualmente: administrar. El gobierno mexicano hace difícil lo que debería hacer fácil. Salud.
Beto

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