![]() |
| Casi sesenta, algo habré aprendido. Foto: BAER |
También me queda la satisfacción de no haber perseguido, ni mucho menos impuesto una verdad absoluta, pero sí el tener razones para pensar como lo hago; si acaso esto suena a despedida, tengan la seguridad de que lo hago pero no de la vida, sino de una etapa que desde hace mucho consideré sobre valorada en cuanto a su extensión e intensidad para apreciar el mundo. No estoy infiriendo que los demás no sepan hacerlo o que la corta edad sea un impedimento, sólo pienso que la desaceleración va a permitirme poner más atención a los detalles que antaño me pasaban inadvertidos; casi puedo ver a las calles de otra manera junto a las personas que las transitan a pie o en vehículos de toda índole, saborear manjares ambulantes o de establecimiento y por fin, encontrar un espacio que sirva de oficina.
Además de los años, los propósitos en espera van tomando forma a buen ritmo, no como el que exige la desbordante vida del capital, pero al menos voy avanzando hacia la consecución de la independencia en las impresiones, eso y otros detalles por pulir, permitirán que la oferta de servicios sea más puntual reduciendo los márgenes de error en la logística de producción. Es posible que al abrir el campo de acción, también sea capaz de diversificarme y abarque además, además de los impresos y el audio, el video. El caso es que busco minimizar los pendientes porque la sensación de que queda una vida por delante, va mermando conforme pasan los días y no quiero andar a la carrera tratando de terminar los escritos que aún están guardados en el escritorio.
En la antesala del sexto piso, las prisas van quedando atrás, pero su lugar lo empiezan a ocupar otro tipo de preocupaciones, menos demandantes en cuanto a mi relación con el exterior, pero imprescindibles en tanto la conservación de la cordura y la salud física. No estoy enfermo, sólo debo convencerme de que debo mantenerme activo, muy a pesar de las protestas de tobillos, rodillas, codos, cuello y espalda que tienen a bien recordarme cada cierto tiempo que los pastores ya no son jóvenes; cada año ha tenido su encanto, en algunos compartido con personas que se volvieron importantes y otras que sólo pasaron; unos se sostuvieron a sí mismos con la simple idea de sobrevivir, los más, con el afán de lo que debería haber sido y no fue. Se impone una tarde de contemplación y café. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario