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miércoles, 11 de enero de 2023

Ciegos instruccionales

Así se dan los tropezones. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Puede que sea una costumbre arraigada desde hace mucho, que responda a la idea de que los hombres debemos saber de máquinas y herramientas desde muy pequeños o que no necesitamos que nos dirijan porque para eso somos autónomos, el caso es que no leemos instructivos hasta que la relación con algún aparato nuevo no tiene remedio. También la flojera tiene algo que ver, dado que nuestros aparatos trabajan de la misma manera gracias a la estandarización, los cambios estarán en los menús de las funciones las cuales, por lo general, se descubren con el uso o de plano, nunca se toman en cuenta; para alguien que intenta publicar un manual resulta todo un reto, dado que la fama de ser un pueblo que no gusta de la lectura ni tampoco lee instructivos, ¿qué esperanza hay de que esa obra se distribuya?

Tengo confianza en que al menos produzca curiosidad, dado el público al que deseamos atacar con él, uno con el cual he tenido mucho contacto en mi vida profesional. Los planes han estado encubándose desde hace algunas semanas y, tanto la licenciada Rodríguez como yo, suponemos que las universidades pueden ser un foco de creación muy poderoso debido a la efervescencia que un recinto así ofrece en pensamiento. Hemos estado trabajando en un manual que (espero) facilitará la producción literaria de nuestro entorno, con un doble propósito: crear la confianza para que surjan nuevos escritores y ofrecerles un espacio de producción para dar a conocer sus obras, algo así como lo que hizo la estación de radio XEW junto con la revista Activa en su concurso llamado “La historia que soñé”.

Pero ése es otro cantar; estábamos en que los hombres no somos muy afectos que digamos a leer instrucciones, ya había mencionado dos posibles causas, la tradición machista y la semejanza entre aparatos, quizás haya algunas más, como la imperante visualidad de nuestro aprendizaje (que invade ahora al sector femenino) por lo que tenemos que ver cómo se hacen las cosas, ya que eso nos permite medir tanto nuestras fuerzas como las herramientas con las que contamos. La kinesis es también muy importante, pues no hay nada como pesar, medir y calcular temperaturas con nuestras propias manos. Asimismo, las reacciones de seres vivos y máquinas las evaluamos con lo que sentimos respecto de ellos, facultad que vamos adquiriendo con el juego y los riesgos que tomamos al practicarlo.

No hay ejemplo más claro que un examen en la escuela, rara vez leemos las instrucciones porque casi todos funcionan igual; ¿qué tan especiales nos consideraríamos si de entrada supusiéramos que en cada oportunidad nos aplicaran uno distinto? Lo malo es que, cuando se presenta la ocasión, caemos en trampas tan simples como inesperadas. Otra posibilidad sería que nos hemos acostumbrado tanto a que lo que más nos interesa en el mundo se comporta de las maneras más extrañas inimaginables que, por más que leyéramos manuales, nunca le atinaríamos ¡y ni esperanzas que alguno de ésos sea del todo confiable! O díganme, ¿acaso ha habido alguna mujer que naciera con instructivo? Eso fue un detalle que se le olvidó al creador, por una simple y sencilla razón: ¡es hombre! Salud.

Beto

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