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miércoles, 16 de noviembre de 2022

¿Y si fuéramos dominantes?

Como cultura todo vale, como imposición,
no tanto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La mayor parte del tiempo, si hablamos de política exterior o de influencia extranjera, nos quejamos (incluido éste que escribe) de nuevas invasiones y de que nada hacemos para contrarrestar sus efectos, razones no nos faltan para sostener tales afirmaciones pero posiblemente no nos hemos puesta a pensar en qué pasaría si nosotros fuéramos la metrópoli. La respuesta corta sería que ya hubiéramos perdido toda nuestra influencia por descuidados, pero hagamos derroche de optimismo y pensemos que sí pudiéramos sostener la hegemonía por sobre una buena parte del planeta, debimos haber ganado algunas guerras, metido la nariz en otras, vendido armamento sin importar los bandos, haber hecho un imperio económico e influido, con nuestro dinero, en la cultura de los demás países.

Un Estados Unidos cualquiera; y me faltaba inundar con cine y música panfletaria de dudosa calidad pero movidos y bailables o lo que sea que se haga con ella, claro, si a un sector de la población no le diera pena ajena lo que consume el otro y viceversa. Exportaríamos un clasismo velado con eufemismos, juegos de palabras y frases de doble sentido que, también veladamente, acentuarían la intención de segregación regionalista por la imposición de estilos de vida, intereses y/o aficiones que exige la aceptación de una idea de superioridad basada en el melatismo -teoría social que tiene como postulado principal que algo nos late-, esto último es broma, un arma con la que medimos el aguante de los “nuevos” para ver si son dignos de pertenecer al clan al cual, obviamente, les urge entrar.

Es posible que presumiéramos de fuerzas armadas que liberarían al mundo de la opresión de nuestros enemigos naturales, los gringos, los españoles y los franceses, manteniendo una pugna sorda por los tesoros, las identidades y los territorios que nos robaron y así como nos aferramos al pasado, nos sentiremos con el derecho divino de meternos en los asuntos ajenos como si fueran nuestros, con el trillado pretexto de proteger la democracia y la seguridad de los mexicanos en el extranjero. Porque, ¿cuándo se ha visto que quien mueve los hilos del mundo deba justificar lo que hace y con quién se mete? El poder está hecho para ejercerse, para imponer condiciones aunque no sea de la manera más justa ni deportiva, para señalar los errores de los demás con lo cual se tapen los errores propios siendo peores.

Al final de cuentas, queda la salida siempre elegante del altruismo, del pedir cooperación a los que se oprime para remediar los males que se les provocó desde el mismo poder, porque los pobres no lo saben, pero necesitan que se les instruya en el valor de la solidaridad, no para que salgan del pantano, sino para que se mantengan a flote; porque vivos se les obligó a meterse y vivos los querremos ahí dentro. Si México fuera la metrópoli por encima de Alemania, Japón, la Gran Bretaña y los Estados Unidos, seríamos tan abusivos, instigadores, aprovechados y esclavistas como lo han sido ellos en toda su historia, sólo nacimos en territorios distintos, pero el ser humano está hecho de lo mismo, queda la esperanza de que, en ocasiones, también algo aprendemos. Salud.

Beto

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