![]() |
| Entender algo no nos da el derecho de menospreciar a nadie. Foto: BAER |
Lo anterior no es con el afán de insultar sino de señalar que todos carecemos de algo que, desde la aparición de los homínidos en este mundo, la competencia es una marca registrada entre viejos y jóvenes, la actual parece regirse por el cómo aprendemos a manjar nuestros juguetes; observemos cómo apreciamos los instrumentos con los que nos divertimos y a cuáles les prestamos mayor atención y respeto tanto al hablar de ellos como al usarlos ya no digamos al mostrar cómo se usan. Podríamos clasificarlos en tres grupos, los que nos enseñaron nuestros padres, los que aprendimos a usar con los amigos y los que nos hicieron expertos, cada uno con mecanismos de enseñanza-aprendizaje propios, con exigencias particulares y con espacios individuales.
Ubiquemos tres de cada uno, de uso cotidiano y de fácil manejo, considerando que toda herramienta o máquina tiene los mismos principios de uso que un juguete. ¿Qué de ellos nos enseñaron nuestros padres? ¿Un carrito, un desarmador, una tetera, una muñeca., un castillo para armar? Posiblemente un balón, nada más socializador que uno pues con él se controla, se pasa y se ataca y nuestros primeros sinodales son nuestros padres. ¿Cuáles nuestros amigos? Quizás un juego de azar, una herramienta de laboratorio, un rompecabezas o una pieza de vestir, cualquier cosa que nos distinguiera de los demás o nos hiciera pertenecer a un grupo, lo que nos llevaría a escoger algo que nos proveyera de respeto y, ¿por qué no? admiración de los demás, lo que a veces se lograba por aplicación y otras por casualidad.
De esa forma nos íbamos despegando y dejando atrás lo que, al parecer, ya no nos era útil porque, ¿a quién le siguen interesando los balones, las pirinolas o los cubos de Rubik? A menos que tuviéramos que enseñárselos a algien, nada más que el tiempo ya no nos da para esas cosas así que nos acogemos a la bendición del siglo veintiuno ¡el teléfono celular! Un aparatito relativamente fácil de conseguir y manejar que nos evita el engorroso trámite de invertir tiempo en mostrar cómo se usa porque hasta un niño puede manipularlo, lo que hace que la dependencia inicial desaparezca casi totalmente y todo el mundo se convierta en experto sin problemas, por lo que si a alguien se le ocurre preguntar cómo se le hace, se merece un gesto de impaciencia. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario