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miércoles, 2 de noviembre de 2022

Educación en tradiciones

No perdamos el tino.. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La complejidad del pensamiento puede tocar su punto más simple en las tradiciones pues en ellas se conjugan la cosmovisión, la cosmogonía, la razón de existir en lo personal y el objeto de señalar roles, todo con la sencillez de un festejo. Su repetición asegura las formas, pero aún hay que trabajar el fondo ya que, es posible que se nazca en el seno de una familia rica culturalmente hablando, pero la información al respecto de lo que son y representan se obtiene por la oralidad y el ejemplo. El registro fílmico, los documentos en audio o video y las muchas fojas que almacenan la información son de gran utilidad, pero la vivencia crea el arraigo, la pertenencia la da la experiencia; se puede admirar la danza de un grupo de concheros, pero el orgullo de serlo sólo lo tiene quien baila.

La tradición comienza con la costumbre que debe involucrar un acto factible de repetirse y un motivo dirigido a la elevación del espíritu; un juego de mesa en una fecha especial en reunión familiar no es una tradición, es una costumbre que puede estar muy arraigada por mucho tiempo pero es una práctica que no pasa de ser divertida. De hecho, una costumbre familiar difícilmente se vuelve tradición si no involucra a personas ajenas que se sientan atraídas por la oferta de un aprendizaje sobre el lugar en el que se realiza o sobre sí mismas. También hay grados de complejidad en ambas, por lo que podemos encontrar costumbres muy elaboradas y tradiciones muy simples como el tomar el té a las cinco o darse un beso en el tercer escalón del callejón del beso.

Compartir los significados es más importante que mantener las formas pues éstas pueden cambiar según la región y la memoria de los protagonistas, al menos con mayor celeridad que las interpretaciones de los símbolos, como ejemplo podemos observar al árbol de navidad cuyos materiales pueden ser muy variados como el plástico, el papel o natural, eso sin mencionar los adornos que, a lo largo del tiempo, han pasado de ser velitas a luces eléctricas. Pero la idea se mantiene con cambios más ligeros que se producen más por olvido que por el deseo de transformarlo. Como patrimonio cultural, una tradición se fomenta desde casa lo que la hace a la vez, una forma personal de expresión y pertenencia a un grupo, motivo de orgullo y de responsabilidad ante los suyos.

Algunas tradiciones se han desvirtuado un poco por el hecho de ignorar los símbolos, el no darles la importancia que tienen debido a una comercialización irracional y la pobre interpretación de la excusa “todo cambia”, como sucedió con las piñatas. Una errónea interpretación de la modernidad ha contribuido también a que la esencia de otras se haya abaratado, como ocurre con las posadas; si las costumbres se impusieron de cierta manera, debió ser por algo y antes que cambiar su formato porque “ya no se usa”, deberíamos averiguar las razones y las consecuencias que traerían el cambiarlas. Una tradición es un patrimonio intangible, hermosa y frágil al tacto como una mariposa, pero que si se deja volar libre, ésta embellecerá el espacio donde se pose. Y antes de ponerme cursi, ahí se ven y gocen sus tradiciones. Salud.

Beto

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