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| Nada hay más frustrante que el no tener el modo de vida adecuado. Foto: BAER |
Ahora bien, los gringos dirían que hay que tener cuidado con lo que se desea porque se puede cumplir y no creo que esa sentencia se refiera a que deba pasar algo malo sino que el cuidado estriba en que seamos conscientes de la responsabilidad que implica el cumplimiento de un deseo y si estamos preparados para asumirla, por lo que anticiparlos debe ser terrorífico. De niños no lo pensamos, pero de adultos vamos cargando con los que fueron factibles de realizarse, los que cambiamos por otros y los que materialmente eran imposibles pero que seguimos pensando en ellos y la responsabilidad de mantenerlos o conseguirlos tiene relación directa con el número de personas involucradas pues, una de dos, al lograrlos el mantenerlos está en la coordinación o si no se logran, en la frustración.
En este punto pensarán que por naturaleza un deseo anticipa un resultado y tendrán la razón, pero en realidad la intención era hacer mención a aquellos que anticipan a la etapa que estamos viviendo, si es que no se tienen problemas mentales que tergiversen nuestros pensamientos; el hecho de preguntarle a un niño qué quiere ser de grande, es como preguntarle a un adulto qué haría con el premio gordo de la lotería, si ni siquiera ha comprado un billete en toda su vida. Vivir anticipadamente no es sinónimo de haber madurado, tener deseos que no corresponden a nuestra edad, tampoco; sabemos que son adecuados cuando son factibles de lograrse por propios medios en un plazo lógico, pues el ser millonarios sin tener una idea del cómo se produce el dinero, no parece tener un futuro promisorio.
Tratar de proyectar la vida laboral a temprana edad corre el riesgo de obtener respuestas disparatadas o fuera del alcance de los papás que en ese momento tienen dos opciones: truncar esos sueños lo más inteligentemente posible o partirse el alma para que, sin importar lo que tenga que pasar, el crío logre lo que desea. La realidad es que pocos tienen claro qué harán para vivir cuando sean grandes, con suerte lo descubren en la fila de inscripción de la carrera o del bachillerato por medio del infalible volado, o seguirán sin tener idea sino hasta que ya probaron las primeras clases. En el laboratorio áulico puede suceder cualquier cosa, hasta enterarnos que estudiar no es lo nuestro, el caso es ser lo suficientemente honestos y no por cumplir con la palabra supuestamente empeñada en la niñez, convirtamos la vida en un suplicio. Salud.
Beto

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