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Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 19 de octubre de 2022

¿Qué hubiéramos hecho?

Si la ficción de entonces hubiera
sido realidad. Foto: BAER
Irapuato, Gto.- Demos un salto en el tiempo hasta alguno de los salones que hayamos ocupado en la primaria, la secundaria o la preparatoria, detengámonos en la o las clases en las que hubiéramos deseado que se llevaran de una manera distinta a la que se hicieron; ¡no todas, no sean así! Pongan pausa y ahora piensen en la crítica que hacemos a la manera en que los niños y adolescentes llevan sus clases, los contenidos, las exigencias, los comportamientos y el compromiso. Si comparamos ambos escenarios (que al fin y al cabo en los dos priva la apreciación), tratemos de ubicar que aspectos los hacen diferentes además de definir ventajas y desventajas de uno y otro. ¿Son tan distintos como solemos tildarlos? ¿Cuál nos parece mejor? O en su defecto, ¿hay algo en el aula actual que nos hubiera gustado tener entonces?

A finales de la década de los sesenta, influenciados por transmisiones televisivas como “Viaje a las estrellas”, “El túnel del tiempo”, “Viaje al fondo del mar” o incluso “Los Súper Sónicos”, la imaginación volaba hacia la movilidad omnipresente y la comodidad de las video conferencias, acentuado la anterior por el evento de la vida real que significó el viaje a la luna y sí, varias pequeñas mentes infantiles soñamos con tener clases en nuestras casas que nos evitaran traslados engorrosos, soportando el peso de una abultada mochila de cuero en nuestras espaldas. La magia de los medios de información se mantenía casi intacta y si hubiéramos tenido acceso a ellos en ese tiempo, el impacto nos hubiera golpeado de tal manera que posiblemente los sueños se hubieran magnificado.

La primera cámara fotográfica de la cual pude disponer, no la tuve en mis manos hasta 1983, estaba en el tercer semestre de la carrera de Comunicación y el curso de fotografía se presentaba como la oportunidad de ingresar al mundo de los medios ya con una razón definida. No tenía idea del potencial informativo de un simple cuadro impreso con una imagen pero, si esa oportunidad la hubiera tenido a los seis años, es posible que mi curiosidad por explorar se hubiera encendido exponencialmente por la de observar que ya tenía por medio de la televisión; es posible también que mi inquietud por contar historias se despertara dentro de un panorama más amplio, quizá no. Obviamente la tecnología de entonces no permitía que un niño manipulara aparatos tan sofisticados y costosos que un médico principiante no podía soportar.

La parte controversial actual es comparable al uso de la calculadora electrónica de ese tiempo o quizá el uso primario del ábaco; cada cambio registrado y provocado por el uso de la tecnología en la educación viene acompañado de la crítica de la generación que la antecede y de cierta sorna de la que le tocó aprovecharla, ¿que si ésta nos está volviendo más flojos? Posiblemente, pero mejor preguntémonos qué hacemos para volvernos mejores personas aprovechándonos de ella; si en los sesenta hubiéramos tenido acceso a los teléfonos móviles con todo lo que significa su uso, es posible también que hubiéramos cometido los mismos errores que cometemos ahora. Los humanos de todos los tiempos estamos hechos exactamente de lo mismo. Salud.

Beto

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