Bienvenidos

Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Mundo al revés

Yo sé escribir mi nombre al “revés”
en el pizarrón. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hace algunas semanas ofrecí mi ayuda a Cristina, la empleada doméstica que ayuda a mi madre entre semana, ya que estaba muy afanosa doblando los manteles que se habían usado en la comida, comedido tomé uno de los extremos y lo doblé por la mitad al mismo tiempo que ella e hice una pausa para ver de qué lado haría el segundo doblez, después de mi impulso de hacerlo primero. No tengo idea de cómo fue que percibió mi ligero titubeo, pero lo más sorprendente fue su pregunta inmediata, sin mediar aviso: “¿iba a ser zurdo?” Ante tal derroche de perspicacia, mi respuesta fue sólo un “tal vez, pero antes en la escuela no se permitía”. Ni en ningún otro lado, puesto que desde el término como usamos como sinónimo, también remite a lo siniestro como algo malvado.

Supongo que para los estudiosos del cerebro humano fue todo un hallazgo el descubrir las tareas diferenciadas de ambos hemisferios, algo que si hubiera llegado al país dos décadas antes, quizá seríamos un número mayor de zurdos y, por tanto, más de los creativos a decir de muchos. Se me ocurre un tema de inclusividad al respecto, no sólo por luchar en contra de la hegemonía diestra (a la cual pertenezco por imposición), sino por continuar con un detalle que observé en mis tiempo de docente y después con la compra de unas tijeras hace como ocho años; el primero, una banca para zurdos que, a decir verdad, era un simple cambio de lugar de la paleta para escribir, pero que sí significó un avance en la aceptación de la siniestra existencia.

La pregunta persiste porque, a pesar de que ahora no se reprime el uso de la mano izquierda, ¿por qué hasta hace cincuenta años sí se hacía?¿Tendría que ver algún asunto bíblico? El caso es que se hacía y como supongo me pasó, así sucedió con muchos más. Lo malo era el sentimiento de suficiencia que teníamos los que habíamos obedecido y logrado usar la mano derecha como era “normalmente”, lo bueno es que algunos lograron subsistir sin caer en la imposición, aunque eso les costara, además de algunas llamadas de atención y miradas de “pobrecito”, el soportar el muy avispado mote de “Zurdo”. ¡Ah! Olvidaba lo que se me ocurrió gracias a las bancas mencionadas líneas arriba, bancas que no solucionen el problema postural debido a que la escritura no se ha adaptado a ellos.

Ni siquiera se trata de un cambio dramático o traumático, aunque sí revolucionario que de verdad cambiaría la forma en que vemos el mundo; imaginen los zurdos que pueden escribir tan cómodamente y natural como un derecho (si es que la escritura es una actividad natural) en esas bancas con la paleta al revés y simplemente con el hecho de escribir hacia el lado contrario dibujando las letras “viendo” hacia la izquierda, como lo hacía Leonardo Da Vinci en sus notas. Ya no tendrían que cargar con todo su cuerpo cuando trazaran las palabras en el papel sin un cambio sustancial en la encuadernación de las libretas, quizá, nada más tendrían que imprimir dos portadas, pero eso ya lo hizo Scribe. ¿Para leer sus textos? Sólo tendríamos que apoyarnos en un espejo. Salud.

Beto

No hay comentarios.:

Publicar un comentario