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miércoles, 14 de septiembre de 2022

El mito de la concentración

Concentrados e iguales, al fin se logró. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Esta crítica no está basada en la inexistencia, sino en la concepción monolítica y su aplicación; es posible que a todos ustedes les hayan explicado lo que significa concentrarse y cómo se hace, es posible también que me hayan explicado, pero como tengo una mente dispersa y el espíritu libre, quizá no puse atención a dicha explicación. Así varias clases en la secundaria y en la prepa. ¡Ah! Pero en la universidad... Las cosas siguieron igual, con la salvedad de que ahí di el primer paso para entender que lo que me pasaba no era, en realidad, que tuviera un cerebro defectuoso o que mi nivel de concentración fuera muy bajo, porque extrañamente aprendía, nada más que a un ritmo diferente, porque usaba caminos distintos y un orden separado de los demás.

La siguiente afirmación es únicamente la impresión que tengo sobre lo que es la concentración, que está supeditada al bagaje que cargue cada persona desde la educación adquirida en casa y el modo de asimilarla; así como las condiciones sociales influyen en la memorización y el aprendizaje, también lo hace en cuanto a la dispersión para observar el entorno, puesto que al momento de priorizar necesidades, la escala de valores se va a adecuar a lo que haya que resolver con más urgencia, árida planicie en la que se efectúa la conflagración entre la satisfacción y las carencias. Estas últimas aparecen tanto en los aspectos infraestructurales como en los superestructurales sin que necesariamente lleven una cronología definida o se haya detectado un espectro histórico de compotamiento social al respecto.

Porque el fenómeno curioso de tener, por sobre todas las cosas un aparato televisor, se repite como una necesidad desde la década de los setenta del siglo pasado, convirtiéndose de un congregador a un aislante social. Su uso se ha individualizado de tal forma que la incursión de You Tube se ha dado como si fuera lo más natural del mundo, esto para los dispersos, nos vino a caer como anillo al dedo porque los canales de cable ya no eran suficientes y el control remoto estaba pagando el pato, sin embargo, lejos de convertirse en un distractor el ejercicio de cambio de canales vino a crear un nuevo tipo de estrés no maligno (aún), donde la memoria se ejercita para recordar qué fue lo que dejamos pendiente y decidimos que abordaremos y en qué orden, algo así como el placer que siente un perro pastor al corretear ovejas.

Por otro lado, también se cumplió con ello la fantasía de todo maestro de la vieja guardia: la concentración absoluta en un mismo punto. Una contradicción más a las formas de adoctrinamiento que nos inventamos para controlar a los grupos sociales. En franca batalla, el salón de clases ha venido perdiendo terreno ante el arrastre de las pequeñas pantallas que tienen a los jóvenes en una sola pieza, como se deseaba anteriormente que estuvieran en el aula, escuchando lo que tenía que decir el profesor. Se ha logrado, por fin, un ser taciturno que se ufana de tener “todo” al alcance de su mano, sin que eso le represente más esfuerzo que mover un dedo; más y más atractivos contenidos para aprender o distraerse; están concentrados y en paz sólo que no en el lugar que se deseaba. Salud.

Beto

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