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miércoles, 10 de agosto de 2022

La valoración en pirámide

Los valores pueden dividirse por su forma
de expresión. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los valores vienen conformando un sistema de expresividad que debe invertirse en comuna para que tenga validez, aunque la responsabilidad se difiera según su naturaleza; por la manera en que los expresamos, los valores pueden dividirse en individuales, colectivos, universales y absolutos. Los primeros serán aquellos que no necesitarán de la participación de otro para ser calificados como tales, por ejemplo la honradez; por convicción o por costumbre, un individuo puede ser honrado aunque quienes lo rodean no lo sean, lo mismo sucede con la bravura o la compasión. Los niveles de expresión se darán según la educación de cada uno y no necesariamente se contagiarán o saldrán a flote en el momento en que un individuo lo manifieste en una situación determinada.

En una gráfica piramidal, cubrirían la base tanto en el dibujo como en lo educativo; son esos valores la esencia de lo que proyectaremos con los otros hacia las demás personas. La enseñanza de los mismos debe ser puntual y explícita, con lineamientos claros y útiles que más que obligados, sean el estilo de vida voluntario y adaptado al estilo de vida del grupo. No son un traje a la medida, aunque sí habría tendencias en la expresividad que den a las demás personas, una imagen que nos distinga y nos haga únicos; la importancia de los valores individuales radicará en su uso cotidiano y el novel de exigencia que impongamos en ello. Como una disciplina que debe ejercitarse día con día, de lo contrario, se corre el riesgo de una laxa inseguridad.

El segundo nivel estará compuesto por los valores colectivos, ésos que para decir que existen requiere  de más de un individuo, por ejemplo la amistad; sería absurdo afirmar que somos amigos si no hay en quien depositar esa carga afectiva. Y así como el crecimiento personal se da ejerciendo los valores individuales, con los colectivos vamos a reafirmar nuestra tendencia social, aprendiendo a negociar, a compartir, a comparar o a discriminar según sea el caso y la oportunidad, por supuesto, entendiendo que cada una de esas actividades anteriores tienen un contexto, es decir, que la discriminación se hace en objetos, nunca en personas, que las comparaciones no son malas a menos que con ello se intente sobajar a los demás y que las categorías dependen de las acciones, no de la cuna.

Los dos niveles siguientes son el resultado del ejercicio de los anteriores; el tercero se compone de los valores universales, los que nos hacen pertenecer al mundo y que fueron promulgados en la Revolución Francesa; hablar de igualdad, fraternidad y libertad involucra cosmovisiones distintas, muchas veces influenciadas por cosmogonías aunque contradictorias, que han dado marco al comportamiento humano y que siguen dando pie a discusiones sobre cómo debe ser el mismo. El último nivel, la cúspide de la pirámide, se compone de los valores absolutos que, contrario a lo que pueda pensarse, son los que más controversia producen puesto que las ideas que surgen de ellos son motivo de intentos de imposición por parte de mentalidades que entienden poco su propio relativismo. A ver, expliquen qué es el amor. Salud.

Beto

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