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| A viajar montados en nuestras fantasías. Foto: BAER |
Es un descanso parcial, por supuesto, ya que leer nos lleva por escenarios que exigen recorridos minuciosos por lugares proto físicos o totalmente ideales; en el mundo de la novela, la aventura provee de personajes entrañables salidos de mentes preclaras que en el siglo dieciocho arrancaron como en una carrera de caballos. Las plumas de Julio Verne, Emilio Salgari, Sir Arthur Conan Doyle, Robert L. Stevenson, Herman Melville, Víctor Hugo, Mark Twain, Alexandre Dumas, Cecil Scott o Jack London por citar algunos, retrataron paisajes, situaciones y salvamentos milagrosos, que han tenido a varias generaciones al borde de sus asientos, al mismo tiempo de que fueron referencia obligada para la aparición de nuevos formatos como el cine de acción y las series televisivas.
Por estos lares levantan la mano Eraclio Zepeda, Juan Rulfo, Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos o un poco más recientes como Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes y Juan José Arreola, lista que para nada hace justicia a tantos y tantos escritores que ha dado este país, pero no puedo dejar de mencionar a Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, Laura Esquivel o Caricad Bravo Ádams; podrán decir que sólo cito a los más comerciales y tendrán razón pero ténganme paciencia, estoy escribiendo de memoria y ya no es lo que era antes de la pandemia... como treinta años antes. Recordemos que el tiempo es relativo, que veinte años no son nada y pasaste a mi lado con gran indiferencia.
Para los que crean que leer les quita el tiempo, ahora los audio-libros están más a la mano; en este momento estoy escuchando “La tarta de zarzamoras” de Agatha Christie, un caso más de Hécules Poirot (Erquiul Poaró, lo pronuncia él), en la voz de una locutora argentina. En realidad no sé de quién se trata pero a cualquiera que tenga la prestancia, la dicción y la psión por prestar su voz, lo llamo locutor. Un audio-libro es un formato paralelo a un radio-drama -el cual prefiero- que tiene el encanto de regresarnos a los cuentos para dormir que seguramente (al menos) escuchamos mencionar en algún lado y que además permite hacer otras cosas a la par de escuchar buenas historias. Las opciones están dadas y se impone aprovecharlas. Salud.
Beto

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