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| Sin importar la edad, graduarse de lo que sea siempre es un logro. Foto: BAER |
Cada final implica un nuevo inicio, desde dónde se dé es cosa de cada uno, lo mismo que a dónde dirigirán lo aprendido; ésa será la aspiración de estas últimas semanas de un curso inacabado a propósito porque la otra mitad que no compone es su propia iniciativa. Si de verdad creemos que el conocimiento es poder, habrá que saber qué pueden hacer con lo que lograrán conocer de ustedes mismos atendiendo conscientemente a los puntos tratados. debe haber una dosis importante de autoconvencimiento, principalmente con el tema de la responsabilidad, dado que se trata de un ámbito ambivalente que va de las particularidades que nos definen a las características que nos semejan con los demás y viceversa, pasando por algunos detalles de derecho.
Y si no hubo inscripción, tampoco hay constancia ni diploma, porque para el crecimiento propio, cada uno es su aval; no lo afirmo por darles atole con el dedo, sino porque ya es hora de que confiemos en nuestras capacidades y en las de los demás, tema clave para crearnos una escala de evaluación alejada de la victimización melodramática y del estoicismo ocioso; con los años se va aprendiendo que la necesidad de ayuda aumenta exponencialmente conforme avanzamos en edad y ni la prudencia ni el orgullo son dádivas que los demás valoren. La educación debe volver al aprecio de la experiencia -la de a de veras- y al entendimiento de la libertad para que las circunstancias propias de las edades no sean un obstáculo y se califiquen bien sus ventajas y desventajas.
Considérense graduados con todos los honores si encontraron un pequeño detalle que les sirva para explicarse alguna parte de sus propios afanes, si con ello vieron otra que no habían considerado como parte de su esencia y, lo más importante, si vieron las bases para observar su actuación en este mundo; porque, si me permiten esta humilde interpretación, el logro máximo al que podemos aspirar es el ser productivos, las formas y los alcances serán circunstanciales y se valorarán según los daños que causen. Tenemos un “historial crediticio” en el ánimo de los demás y es inevitable que, desde sus perspectivas, tengan una opinión sobre lo que hacemos o hicimos no obstante que no sea a su favor o en su contra, la omnisciencia en este caso no es divina, es social. Salud.
Beto

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