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| Cada proyecto debe tener su propio afán. Foto: BAER |
Iniciar un proyecto requiere, una vez conseguidos los materiales, el convencimiento de que es buena idea, ya sea por su factibilidad, por su oportunidad o por su necesidad o todas juntas; cualquier empresario podrá constatar lo anterior y agregar todos los aspectos que su experiencia haya creado. Esta parte es muy importante, la experiencia ajena puede resultar en referentes que ayuden a encontrar una forma propia de realizar un proyecto o de enterarnos que en realidad nuestro desarrollo no va por ahí; todo es cuestión de saber si estamos dispuestos a pagar el precio que exija cada aventura, esto es, que no tengamos que padecer o lamentar el hecho de haber optado por un negocio o servicio nada más porque la moda así lo imponía aunque no fuera ése nuestro interés.
El secreto esté en la evaluación diaria del trabajo y si aún quedan ganas de repetirlo al día siguiente, entonces el camino es bueno. Dicha evaluación debe arrojar como resultado el saber qué tan productivos nos sentimos al final de la jornada, si eso nos produjo alguna satisfacción y también a alguien más y, por supuesto, qué tanto de nosotros quedó plasmado en el producto. Con ello, algunos lograrán que su legado quede impreso en algún material y otros que ese legado sea viviente; la fama es una creación ajena, el que la busca queda supeditado al capricho de una masa acostumbrada a la novedad, pero el conocimiento queda, toma el lugar que le corresponde y sólo se preocupa por ser útil y adaptativo; lo mejor de todo, es que puede producirse a destajo.
Cualquier emprendimiento debe considerar que antes de ese preciso intento, ya alguien lo llevó a cabo con anterioridad, que alguno habrá tenido éxito pero otro fracasó, lo que no implica que por fuerza estemos destinados a uno u otro lado sino que, lo más prudente, es averiguar las razones de esos resultados, comparar las condiciones en que se dieron, con las actuales y ver qué cambios ayudarían a lograr el éxito. Aquí la palabra clave; hay que estar bien claros sobre lo que consideramos logro y éxito puesto que, así como cada día, cada proyecto debe tener su propio afán y, generalmente, lo primero que se nos ocurre, es. No todo necesariamente es dinero, que sí puede ser una consecuencia, pero si intentamos imponerlo por encima de la intención original, sería catastrófico. Salud.
Beto

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