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| Hasta al más mexicano se le pegan los acentos. Foto: BAER |
Hay reglas a seguir para ello, dependiendo de la región en la que nos encontremos y las variables son las mismas que establecen los sociólogos para cualquiera de sus estudios por ejemplo la edad, el sexo, el nivel socio-económico, en fin, todo lo que cualquier hijo de vecino debiera saber para relacionarse efectivamente con los demás. Esas reglas están, a su vez, supeditadas a las preferencias que cada individuo manifieste con respecto de nosotros, lo que deriva en relaciones únicas entre pares aunque éstos se desarrollen en un círculo compacto, es decir, entre tres individuos habrá al menos dos tipos de relaciones que tendrán puntos de convergencia pero nunca serán iguales. La individualidad no se perderá en aras de la colectividad.
Lo anterior no es por simple terquedad, sino que es posible señal de que la identidad global adquirida en la niñez sea tan fuerte, que el reflejo de adquirir las características del grupo en el que se crece no sea imperioso. Ejemplos famosos de ello los encontramos en el ámbito futbolero iniciado en mi conciencia con el narrador “Che” Ventura quien, a pesar de haber vivido en el país por más de cincuenta años, nunca abandonó su acento rosarino. De la misma manera podemos citar al “Ruso” Zamogilny que mantiene su acento bonaerense o a Luis Roberto Álvez “Zague” que derrocha en las transmisiones la cadencia de su español “aportuguesado”, pero al contrario, cuando a un mexicano le toca salir...
La necesidad de aceptación es más marcada en nuestro país y, si se da hacia el interior, con mayor razón haciendo vida en el extranjero. A excepción de Javier “el Vasco” Aguirre, Hugo Sánchez, Rafa Máquez, Héctor Herrera y algunos más, han regresado de España con un acento castizo digno de cualquier nativo. Ni mantener el acento de nacimiento, ni cambiarlo por el de la nueva residencia para encajar son pecado, simplemente son un dato para entender algún rasgo de aceptación o rechazo de la propia personalidad, nada que un “ajuste” en la manera en que nos observamos no arregle. Sin llegar a las mantras, los karmas o situaciones que creamos que estén fuera de nuestro control, debemos encontrar nuestros puntos fuertes. Salud.
Beto

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