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miércoles, 27 de abril de 2022

Aprendizaje y conflicto

Sólo las maquinas mecanizan sin pensar.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hay palabras en nuestro uso cotidiano del idioma que nos llegan estigmatizadas por experiencias del todo ajenas a nuestra forma de vida; sí hay que decir que esas experiencias coinciden en un punto: emanan de un mal encuentro con alguna autoridad. Es comprensible en la medida que entendamos que dar razón de una de ellas, representa el enfrentamiento de dos ignorancias igualmente comprensibles, pero de la misma manera censurables pues ni el pública está realmente al tanto de los requisitos para la convivencia en su lugar de origen, ni la autoridad informa de manera eficiente, lo que crea el círculo vicioso de la desinformación en la mayor parte de los sectores de este bendito país, tan alejado del prójimo y tan cercano a la tecnología.

El aprendizaje, como búsqueda perenne de equilibrio mental, exige asimismo el manejo diario de información susceptible de convertirse en conocimiento y ya que los datos presentan cierta caducidad, la alimentación del cerebro con éstos será de la misma forma, permanente. Los datos no vienen sólo en los libros o en un aditamento tecnológico. la convivencia cotidiana nos provee de millones de ellos en formas tan básicas como los que percibimos con nuestros sentidos, el chiste para que los convirtamos en información útil, es amalgamarlos en universos de significado, por así decirlo, cuando conformamos un antojo, los datos reservados en nuestra memoria son olores, texturas y sabores para definirlos como “pastelillo”.

Esa compaginación de datos, si acaso no llegaran a armonizar, el conocimiento tendría un cambio, es decir, un conflicto que nos obligaría a reestructurar lo conocido; en el mismo ejemplo si el color y la textura corresponden, pero no así ni el olor ni el sabor, entonces deberemos entender que no todo lo que aparenta ser un pastelillo lo es, al menos no para el consumo de nuestro aparato digestivo y que es posible hacer pastelillos con otra finalidad, por ejemplo, si están hechos de plástico quizá sirvan como juguete para nuestra mascota. El conflicto nos obliga a reaprender, a entender que lo que damos por hecho, tarde o temprano cambiará en su esencia y, por lo tanto, en nuestra relación con ello.

La memoria aspira a la calma de lo inamovible, el razonamiento requiere conflictuarse, verse en encrucijadas para medir sus fuerzas y aumentarlas con el ejercicio; es imposible razonar sin errar y el principal generador de conflictos es precisamente el error. Puede ser por variaciones en la información, por falta de ésta o por miedo a equivocarnos, dos de estas tres tienen solución inmediata, el miedo no. Por lo tanto, en las próximas entregas de este espacio, se buscará ese conflicto propositivo que nos haga pensar en ampliar horizontes, mejorar la imagen que de nosotros tenemos y sentar las bases para convertirnos en autodidactas. Ahí la invitación, espero que sirva a más de uno. Salud.

Beto

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