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| Mucho de la ciencia puede volverse ocioso si no se compara con cada realidad. Foto: BAER |
A título personal -como siempre en mis escritos- el haber cursado álgebra o trigonometría no me trajo más que dolores de cabeza a la hora de presentar los exámenes correspondientes; nunca nadie se ha sentido tan solo como yo tratando de darle lógica cotidiana a a2+2ab+b2=0. Para los que estudiaron arquitectura o alguna ingeniería, debe haber sido pan comido hasta la fecha, pero cuando he preguntado cómo se aplicaría a la sociología, a la psicología o a la comunicación, no he obtenido respuesta satisfactoria; la recurrente es “para todo se usan las matemáticas”, pero resulta que todas ellas son distintas o se les coloca por niveles pues matemáticas no es álgebra que no es trigonometría que tampoco es cálculo.
Y no estoy afirmando que no existan las matemáticas en las ciencias sociales pero sólo se les ubica, desde la perspectiva de los de a pie, en las investigaciones de orden cuantitativo; la visión numérica cotidiana se remite a las cuatro operaciones básicas y al cálculo de porcentajes, quien utilice alguna otra, estará inserto en actividades especializadas por las cuales reciba alguna remuneración. Ahora que si exploramos otras ciencias como la física, la química o aquellas de nueva invención, la cosa cambia. Menos nos vamos a problematizar sacando los componentes básicos, su peso atómico y las reacciones producidas en un pollo frito con papas o a la cantidad de electrones que intercambian los ingredientes de la paella.
El ejercicio de la orientación vocacional ha venido cambiando, las formas de dar clases también, ambos aunque sea en teoría; en la práctica, es lamentable que sólo unos cuantos recuerden los contenidos de su geografía de secundaria o de la biología de la prepa a pesar de ser abogados o ingenieros. El gran grueso de la población que no fuimos médicos o biólogos o geólogos decimos simplemente “de eso ni me acuerdo”. ¿Debe entonces un programa educativo enfocarse sólo a las materias que interesen a cada uno de los estudiantes? Sí y no; no de manera exclusiva descartando “las que no vaya a usar”, pero sí en porcentajes acordes a las habilidades que muestren, así la especialización magisterial tendría más sentido. Salud.
Beto

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