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miércoles, 6 de abril de 2022

¿De qué sirve?

Mucho de la ciencia puede volverse ocioso
si no se compara con cada realidad. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El aprendizaje cobra vida en la medida en el que se aplica el conocimiento adquirido en la cotidianidad, sin embargo, la comprensión de que ambos se tenga en el otro, es un acto de fe; un maestro en su salón, además de confiar en sus conocimientos y habilidades para transmitirlos, debe suponer que la repetición satisfactoria (en el momento) de los datos a tratar, es indicio de que sus pupilos comprendieron la intención de lo que se les enseña. La confianza en ello se resquebraja al aparecer una pregunta tan simple como terrorífica: “profe, ¿y eso para qué nos va a servir?” Puede sentirse cómo va subiendo el frío por la espalda si es que no tomó en cuenta ese pequeño detalle; ¿de todo lo que se supone que debemos aprender en la escuela, qué es realmente útil?

A título personal -como siempre en mis escritos- el haber cursado álgebra o trigonometría no me trajo más que dolores de cabeza a la hora de presentar los exámenes correspondientes; nunca nadie se ha sentido tan solo como yo tratando de darle lógica cotidiana a a2+2ab+b2=0. Para los que estudiaron arquitectura o alguna ingeniería, debe haber sido pan comido hasta la fecha, pero cuando he preguntado cómo se aplicaría a la sociología, a la psicología o a la comunicación, no he obtenido respuesta satisfactoria; la recurrente es “para todo se usan las matemáticas”, pero resulta que todas ellas son distintas o se les coloca por niveles pues matemáticas no es álgebra que no es trigonometría que tampoco es cálculo.

Y no estoy afirmando que no existan las matemáticas en las ciencias sociales pero sólo se les ubica, desde la perspectiva de los de a pie, en las investigaciones de orden cuantitativo; la visión numérica cotidiana se remite a las cuatro operaciones básicas y al cálculo de porcentajes, quien utilice alguna otra, estará inserto en actividades especializadas por las cuales reciba alguna remuneración. Ahora que si exploramos otras ciencias como la física, la química o aquellas de nueva invención, la cosa cambia. Menos nos vamos a problematizar sacando los componentes básicos, su peso atómico y las reacciones producidas en un pollo frito con papas o a la cantidad de electrones que intercambian los ingredientes de la paella.

El ejercicio de la orientación vocacional ha venido cambiando, las formas de dar clases también, ambos aunque sea en teoría; en la práctica, es lamentable que sólo unos cuantos recuerden los contenidos de su geografía de secundaria o de la biología de la prepa a pesar de ser abogados o ingenieros. El gran grueso de la población que no fuimos médicos o biólogos o geólogos decimos simplemente “de eso ni me acuerdo”. ¿Debe entonces un programa educativo enfocarse sólo a las materias que interesen a cada uno de los estudiantes? Sí y no; no de manera exclusiva descartando “las que no vaya a usar”, pero sí en porcentajes acordes a las habilidades que muestren, así la especialización magisterial tendría más sentido. Salud.

Beto

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