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miércoles, 30 de marzo de 2022

Accidentes gramaticales

La elegancia añeja es tan hueca como la manera
en que hablamos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Desde el multicontado chiste de Chabelo (en cada presentación como invitado, lo cuenta) no me había percatado de que esa expresión en la primaria nos hacía pedir que no fuera considerada para examen final porque, al parecer, el formar familias de palabras sólo significaba llenar de tinta renglones y renglones de nuestros cuadernos para mantenernos ocupados. Ahora que, también debo aceptar que, de no haber sido por esas interminables planas, mi estadía en la carrera se hubiera visto comprometida por falta de vocabulario o al menos por no entender la mecánica del idioma. Su utilidad se aprecia en cuanto descubrimos las bondades de tener un léxico más amplio que cuando vivíamos en la ignorancia lo que ayuda, por medio de la comparación, lo que nos gusta leer o escuchar.

Y parte de lo que no me gusta se está anunciando en la radio local con motivo de la feria; los palenques nunca se han caracterizado por llamar mi atención, pero en los últimos lustros como que les ha dado por reiterarme esa animadversión. La música en esos lugares adolece de algunas cuestiones que no sabría explicar adecuadamente, pero me hacen ruido al observarla desde el punto de vista del manejo de la lengua y del lenguaje; en la primera parte, el anuncio tiene a bien insertar tres segmentos de tres canciones, en la tercera de ellas he sentido cómo mis oídos son taladrados con el pleonasmo “en definitiva y definitivamente”, obre de un tal Alfredo Olivas que sus admiradores perdonarán, pero no sé quién es.

De lo poco que sé de musicalidad, únicamente entiendo que en nuestro idioma, lo más lógico es insertar las sílabas en cada tiempo del ritmo que vayamos a utilizar; para lo que llaman regional (supongo que por falta de imaginación) el ritmo tendría que ser de cuatro tiempos, lo que pone en un predicamento a nuestro aparato auditivo pues el juntar las palabras en una misma frase revela una disonancia -espero estar en lo correcto- al conformar quince tiempos que no son múltiplo de cuatro, aunque alargue la última sílaba al igual que la decimotercera, pues al tomar doble tiempo en esas notas, completa diecisiete, aunque debo admitir que hace un pequeño esfuerzo en cuadrarla juntando la tercera sílaba con la cuarta, pero el resultado es una frase monótona.

Es posible que en este punto tome relevancia la crítica que hacía el doctor Brehem sobre la adaptación musical que hizo en los sesenta y setenta Joan Manuel Serrat de algunos poemas de Antonio Machado, el más difundido sería “Cantares”, afirmando que no necesariamente adaptando la métrica del texto a un ritmo daba buen resultado pues, la misma métrica imponía su ritmo propio. El caso es que, componer una canción implica además de la música en sí, identificar las construcciones gramaticales para que los ritmos involucrados cuadren de verdad y no tener que hacer uso de extravagancias como el “flow” o el abusar de gerundios y verbos en infinitivo para fabricar rimas abaratadas. ¡Eh, you! Te lo digo yo, que no tienen el flow. Salud.

Beto

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