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| Gordofobia, pero sólo en mi cuerpecillo. Foto: BAER |
Y hablando de temperaturas (algo que ya había abordado en una ocasión anterior) la moda de “relativizar” la escala con afirmaciones como “la sensación térmica” para definir la cantidad de calor o frío de una región, me pone a pensar en la posibilidad de hacer lo mismo con las distancias o las alturas, por ejemplo, cuando en un vuelo la tripulación informa sobre la cantidad de pies sobre el nivel del mar en que se trasladarán o la velocidad o el tiempo: “bienvenidos a su vuelo número 487 con destino a Can Cún, viajaremos a una velocidad media de 356 km/h a una altura de 30 mil pies con un tiempo estimado de 2 hrs y 30 min. Pero la sensación será de 210 km/hr, 45 mil pies y 4 hrs con 10 min.
Parece burla pero es en serio, ¿de qué sirve buscar la certeza en la medición, si vamos a hacer caso al “como se siente”; imaginen a un sastre que sufra de la misma afección ocular que Van Gogh y no hiciera caso de los colores que la mayoría percibimos, por mucho pantone que se le prestara, nunca daría con los tonos que se le pidieran en las telas para hacer los trajes o peor aún, que viera la realidad alargada como Modigliani y desdeñara el uso de la cinta métrica, ya vería a varios con trajes como los de Clavillazo. Es cierto que las escalas y su uso son el resultado de una convención, que bien podrían modificarse o adoptar otras si así conviniera pero es absurdo que, con el afán de parecer abiertos a diferentes posibilidades, midamos temperaturas al tanteo.
Cada vez que lo menciono, me resulta imposible dejar de imaginar a un gordo especializado en sensación de calor y a una flaca en frío; antes de que las buenas conciencias me acusen de gordofóbico o flacosectario, tendré que decirles que no estoy ni cerca de serlo pues personas gruesas o delgadas siempre ha habido y friolentos o intolerantes al calor, también. ¡Ah! Y no tomen mis palabras para crear otra supuesta ideología para sementar más a la población, porque en todo caso, también tendrían que inventarse la escala para medir la burla a las tallas grandes estableciendo áreas políticamente correctas, algo que no hicieron con lo que ahora llaman bulling. Sería bueno tener algo así para saber hasta dónde debemos tolerar una broma o una agresión. Salud.
Beto

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