| Medimos todo con lo que fabricamos. Foto: BAER |
El conocimiento teórico realiza un camino semejante que enciende nuestra curiosidad por saber hasta dónde podemos llegar, con la ventaja de que la imaginación no tiene las limitantes que tienen los músculos, eso sí, también el ejercicio mental produce fatiga; el entorno llama nuestra atención por cuatro razones principales, por impacto, por un rasgo cultural, por una novedad referencial o por un aprendizaje teórico-académico. El impacto puede manifestarse dentro del espectro asombro-susto, por ejemplo, el efecto que tiene el sonido en las películas; la cultura definirá el espacio en el que manejemos la mayor parte de los gustos que nos harán parte del grupo social en el que crezcamos; todas las referencias adquiridas con lo anterior sufrirán cambios que nos dirán que no son eternas.
Por su parte, el aprendizaje teórico-académico le dará a nuestro conocimiento el rigor suficiente para dar credibilidad a los datos que vayamos almacenando en nuestra memoria, será así, la base con la que mediremos todos los rasgos anteriores además de las teorías mismas al respecto. Desde la óptica de que cada uno es la medida de los que produce, no hay nada más gratificante que el poder disfrutar, de alguna manera, lo conseguido por nuestro esfuerzo, porque el entendimiento no se experimenta en cabeza ajena. La experiencia va dejando huellas indelebles en nuestro cerebro que nos permite reproducir los resultados que, para evitar la saturación, les buscamos posteriormente la manera de mejorarlos o adaptarlos a una nueva realidad.
A riesgo de parecer egocéntrico, creo que todo lo que se ha afirmado sobre el aprendizaje significativo, parte de la observación del cómo logramos superar los problemas y convertimos esos logros en las referencias para continuar haciendo lo mismo o sentar las bases para hacerlo de manera diferente, rara vez sacamos las conclusiones con el trabajo de otros, pues el proceso de aprendizaje implica hacer nuestro (de buena manera, por supuesto) el trabajo ajeno. Así aprendimos a usar un martillo o a leer o a dibujar; nadie lo hace igual a otro aunque se intente copiar y aun una copia tendrá algo que la identifique como única. Sí, somos la medida de todas las cosas, pero en realidad de todas las que producimos. Salud.
Beto
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