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miércoles, 23 de febrero de 2022

Visual, kinésico, auditivo

Aprender no tiene que ver con el estar
quieto necesariamente. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No sé el número exacto de años que han pasado desde que se estableció que tenemos al menos tres maneras estandarizadas de aprender que tienen que ver con nuestros sentidos; al menos tres tienen preponderancia, dos nombradas con nuestros órganos y uno por la acción, así tenemos gente que es visual, otros auditivos y los demás, kinésicos. Una primera interpretación tendría el inconveniente de dividir estas tres formas y analizarlas por separado, lo que nos aleja de la realidad, porque nadie es tan pasivo como para quedarse quieto y escuchar o mirar y sólo con eso, tener una comprensión significativa del material que se le presente. Recordemos que se habla de preponderancia y no de exclusividad, lo que significa que todos tenemos algo de cada manera.

Si pudiéramos insertar nuestros motivos en un ecualizador, quizá veríamos graficados en porcentajes, los niveles en los que usamos la vista, el oído o el movimiento para aprender y, lo más importante, en qué situaciones aplicamos esos o distintos porcentajes y en qué orden ponemos atención. Esto quizá sea la evidencia con la cual podamos saber cómo aprendemos, independientemente de la parte que creamos sea nuestra fortaleza; pensemos en qué es lo primero que atrapa nuestra atención, si las formas y los colores, si los sonidos o la musicalidad o bien el movimiento, tomando en cuenta la situación a aprender que tengamos en el momento, una observación que debe ser del todo honesta para evitar pensar en los lapsos de evasión por aburrimiento.

Para un docente esto es importante, no porque deba descubrir cómo aprende cada uno de sus alumnos (eso sería una tarea de locos), sino para entender el potencial de los temas que va a tocar en su curso; otra cosa importante sería que las instituciones educativas tuvieran en la currícula, por ejemplo en la materia de orientación vocacional, el autodescubrimiento de los alumnos de sus firmas de aprender, lo que cerraría el circuito de la instrucción pública y nos ahorraría dolores de cabeza a la hora de evaluar pues, adelantándome a los eventos en una especie de premonitoria ciencia ficción, se tendrían claves como VKA, KAV O AVK, con las combinaciones posibles y así, dar prioridad a la calidad y no a la cantidad de lo aprendido, sin programación maníquea.

Por otro lado, esto permitiría la planeación y/o replanteamiento de las carreras universitarias, sus objetivos y perfiles de egresados, en lugar de tratar de simplificar su trabajo uniformando a una población cuyos miembros ni siquiera responden al ideal propuesto por cada institución. La universalidad significa proveer de distintas opciones de crecimiento, tanto a los individuos que ingresen a cada órgano colegiado y transformarlos en una para la sociedad a la que van a servir. Entonces, lo prioritario desde el jardín de niños, debería ser el hacer conciencia de que no se va a moldear a un individuo, sino que se le animará a buscar de entre sus potencialidades, cuáles serán a las que dará preponderancia según su forma de aprender. Salud.

Beto

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