| La vuelta al mundo no se hubiera dado en ochenta días sin Paspartú. Foto: BAER |
Por desgracia, esto sucede extra escolarmente, ya que la obligatoriedad intramuros le quita todo el atractivo a la lectura, con sus muy honrosas excepciones como sucede siempre. Por loo general, el verdadero acercamiento a la lectura se da de manera fortuita, cuando el mensaje nos hace algún sentido poniendo en nuestra mente, el reto de razonar, con lo que sentimos que participamos de la historia que se nos cuenta en la forma de un personaje, sobre un sentimiento o un ideal, atisbando por sobre los problemas y viendo la solución en el horizonte; el camino sencillo (de leer) es el del héroe, pero la verdadera lectura se encuentra en la identificación con el apoyo, ese personaje que va quitando los guijarros del camino del Quijote que haya adoptado.
El co-protagonista detrás del gran nombre se aleja del reflector para que el principal brille, por así decirlo, es el andamio por el cual el héroe escalará la cima de su aventura; todo sucede tras bambalinas, la gestión de cada odisea se realiza con los obstáculos o las complicidades que aporten los personajes secundarios. El entramado fino se teje en las sombras, la sorpresa se agazapa para el mayor disfrute del lector que, con todo ello descubrirá la posible afinidad con el artífice de la recreación de imágenes en nuestra cabeza. El nombre surgirá como por azar dado que el descubrirnos en una obra literaria tiene el atractivo de la intimidad absoluta, pues sólo nosotros sabemos qué puentes trazamos con esas líneas; quien nos vea con un libro, sólo especulará.
Imagino la cara de Carlos Fuentes, de Eraclio Zepeda, de Juan Miguel Zunzunegui, de Paco Ignacio Taibo II, de Juan José Arreola y varios otros volteando a verme por si los nombro como mi favorito; debo confesar que de algunos poseo varias de sus obras (aquí se asoma travieso Eduardo del Río) pero decir que del que más he comprado libros es mi favorito sería injusto puesto que mi consumo de literatura semeja al que hago de la música: no pienso en el autor sino en la obra y aun así, tampoco puedo señalar una, puesto que me encantaron tanto la obra máxima de Cervantes como “La región más transparente” o “México ante Dios” y también “Los trabajos de la ballena”; prefiero pensar que no es indecisión, sino que soy un lector sibarita. Salud.
Beto
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