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miércoles, 19 de enero de 2022

Habituarnos a lo distinto

Así como en la sexualidad, la educación
en las armas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Costumbre o no, las prácticas de higiene que hemos retomado con la contingencia, nos recuerdan el para qué nos hacemos de hábitos, hablando de convivir libremente. El regreso a las aulas era inminente, el desarrollo de los infantes exige que socialicen con sus pares para que las comparaciones puedan darse en una misma plataforma, pero, ¿todas las escuelas están en condiciones para volver a funcionar? El deseo desde presidencia de la República así se hizo saber el día de hoy con la misma argumentación, sin embargo, las acciones llevadas a cabo por este gobierno no ha garantizado del todo una convivencia libre de contagios desde el inicio de la pandemia, aunando a ello, la negligencia con la que hemos actuado, en general, que ha dejado mucho que desear.

Ninguno de los dos aspectos es nuevo, cada uno (gobierno y pueblo) siempre ha buscado la manera de hacer el menor esfuerzo posible, uno par servir y el otro para cumplir con sus obligaciones; la razón de ello es común -no puede ser de otra forma- somos la misma cosa aunque los que ocupan un lugar en el poder crean haber sido ungidos por algún ente extraterrenal. Pero ¿esta condición de corruptelas será algo intrínseca o es aprendida? Porque no faltan las explicaciones simplistas como “así somos los mexicanos” lo cual intenta justificar la negativa a transformarnos como sociedad, entonces ¿por qué somos capaces de afirmar, en otro tono, que “así es la gente”? Suponiendo con ello que existe alguna diferencia entre individuos.

Estamos frente a una contradicción, por un lado, porque no nos asumimos del todo como parte de un mismo problema y segundo, porque en las dos afirmaciones lo que asoma es el no comprometernos a cambiar la forma de pensar por un rasgo predominantemente de desconfianza en el otro. Entendemos que hay diferencias, sabemos que no son irreconciliables, nos enorgullecen nuestras potencialidades pero, ¿accedemos a la misma educación? Al menos se cree que a la instrucción escolar, sí pero no estamos seguros de qué prerrequisitos ponemos en los hogares para tener un lugar en la sociedad. Podríamos, como lo hace el ejecutivo nacional, echarle la culpa a los video juegos de la violencia en el país y, con ello, limitar el sentimiento de culpa por lo no hecho.

¿En qué medida una pistola de juguete de mis tiempos o el actual Street Fighter son el escalafón para convertir en pistoleros o narcotraficantes a los niños? ¿No hay manera de educar a la infancia en el uso (si es que eso existe) adecuado de las armas? Cualquiera de ellas o hasta una piedra, en manos de un desadaptado se convierten en una amenaza, pero en las de un atleta se pueden transformar en trofeos o en medallas olímpicas. Como en todo, no es un instrumento o la tecnología en general lo que produce daño, sino la baja estima por los derechos, la vida de los demás y el desconocimiento del origen de las desigualdades lo que provoca la violencia. No es un video juego lo que fabrica delincuentes, es un mal funcionamiento estructural lo que los produce. Salud.

Beto

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