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| Hay éxito hasta en los detalles más simples. Foto: BAER |
El pecado en el que haya incurrido, creo yo, es que no me di la oportunidad de ser más incisivo en las pocas veces que me animé a hacer crítica sobre las acciones gubernamentales pero, a decir verdad, no lo hice porque tampoco me di a la tarea de averiguar más profundamente sobre los avatares en los que nos han metido nuestros flamantes representantes, algo que podría ser un buen propósito de nuevo año, total, van a encargarse de seguir dando de qué hablar. Un error evidente ha sido el dejar de lado la parte comercial de algo que, si pretendo que sea negocio, pues debería tener una mejor difusión al respecto; ya me di cuenta de que una editorial, por muy virtual que sea, no puede vivir de la caridad.
Así que, para próximas fechas, prepárense para caerse cadáveres con sus aportaciones a cambio de algunos artículos que espero, sean de su agrado, por lo pronto los estamos cocinando. Un descuido, el no haber conseguido un ritmo de escritura adecuado a los requerimientos de publicación, aunque sigo creyendo que, como decía Raymundo Sánchez “el que mucho abarca, mucho aprieta”; quizá yo no tenga ni su optimismo ni su capacidad de atender muchas cosas a la vez, pero ahí va otro propósito. El temor quizá se encuentre en la parte de alcanzar un cierto grado de éxito, por lo que la postergación de algunas tareas ha sido la tónica en los últimos meses y la razón por la que los programas de radio y televisión no han visto la luz.
Si a los actuales teóricos del desarrollo humano les place unificar la palabras “pecado”, “error”, “descuido” y “temor” en “áreas de oportunidad”, está bien ¿quién soy yo para contradecirlos? Pero creo que una manera efectiva de enfrentar aquello que entorpece nuestro accionar, es precisamente llamarlo por su nombre, pues un objeto no cambiará su esencia por el simple hecho de llamarlo de otra forma; por otro lado, una evaluación que se precie de serlo no estaría completa sin la observación de lo bueno logrado en el mismo lapso; si con ello nos enteramos de que hubo una ganancia, lo habremos sabido por una simple sustracción. Yo me regodearé en privado con mis logros, no por modestia, sino por un disfrute íntimo. Salud.
Beto

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