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| “Ya te digo mana, lo traigo bailando”. Foto: BAER |
Y no es porque nos encante el chisme, pero las muy gastadas repeticiones de los culebrones televisivos, empiezan a carecer de interés cuando la “carnita” se cuece en instagram o facebook con el atractivo de la inmediatez. El hecho de que también sean personas “reales”, le da a lo publicado en estas plataformas un toque extra de morbosa identificación. Sigue siendo el mal de muchos un triste consuelo, con todo y que las tecnologías actuales brindan un mayor número de oportunidades para dar rienda suelta al culto del ego; con ello, vienen a su vez, los contras que de una manera gratuita y hasta insultante se vierten en una especie de crítica -o algo parecido- por parte de gente que aprovecha la misma inmediatez para emitir sus desacuerdos.
Cualquiera podría esperar que sus contribuciones en la red, los criticara gente experta o especializada en los temas que se estén tratando, por desgracia, no es así en la mayor parte de las ocasiones. La democratización de los medios ha traído una concepción más de la propiedad, con arma y parque para tomar ofensiva en contra de lo que se mueva, para apoyar o agredir irrestrictamente. Puesto que es “mi” canal por donde emito “mi” opinión, tengo el derecho de convertirlo en trinchera desde donde invadiré otros canales y les haré patente lo que pienso acerca de lo que dicen, aunque sea con insultos o primordialmente con ellos; y qué importa que ni siquiera me pregunten lo que siento, lo que me interesa es que todos se enteren de que “mi” palabra cuenta.
Un ejercicio de libertad más digno sería el dejar de pensar que estamos obligados a opinar sobre todo y en todos los sentidos, menos si no tenemos una miserable idea del cómo abordar inteligentemente el tema tratado que, en palabras llanas, don Juan Espinal diría: “si no tienes nada bueno que decir (al respecto), mejor no hables”, pero claro, eso era parte de una enseñanza fincada en ña prudencia que en estos tiempos de fragilidad mental, se consideraría un atentado a la libertad de expresión. Sólo un detalle, la libertad tiene cotos, los llamamos obligaciones y el primero viene envuelto para regalo con un moño que dice “respeto”. Este regalo se recibe en casa, en los primeros años de vida, está hecho a la medida y crece con nosotros. Salud.
Beto

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