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miércoles, 10 de noviembre de 2021

El chisme educativo

Enseñar para definir la vida cotidiana.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La adaptación del ser humano ha permitido que su cerebro -en un círculo virtuoso- haya aprendido a organizar la información que recibe por los sentidos en diversas formas; los procesos mentales, cada vez más elaborados pero que permiten la simplificación y, a veces la automatización de las tareas, proveen de múltiples herramientas de aprendizaje, que pretenden el ahorro del tiempo, dando como resultado diversos estilos de enseñanza. Por supuesto, la necesidad de un control en la emisión de contenidos ha hecho que, así como la sistematización confiere orden y optimización de los contenidos a impartir, también es cierto que de alguna manera, obstruye las iniciativas particulares de elección de contenidos y formas de transmitirlos de una generación a otra.

Existe desde hace mucho tiempo la figura de la escolarización en casa -no es la novedad por consecuencia de la pandemia- donde los encargados del facilitamiento en el aprendizaje de los niños, son los propios padres, sólo que deben ingresar a un padrón y comprometerse a impartir las clases y avaluar a los estudiantes con toda honestidad para que sean capaces de enfrentar los exámenes impuestos por la SEP y así alcanzar cada uno de los grados que componen, al menos, la primaria. La disciplina que representa este sistema tiene que ver más con la paciencia de ambos actores pues las dinámicas del hogar no suelen ser tan variadas como para mantener despierta la curiosidad durante todo el día, a menos que se trate de una familia altamente imaginativa.

Docente y discente deben ser conscientes del esfuerzo de su contraparte por cumplir con un papel que en teoría, no está diseñado para el interior del hogar, aunque el discurso de convencimiento corre por partida doble a cargo de quien enseña, pues debe hacer el trabajo mental de convencer al infante y convencerse a sí mismo de que lo que hacen es por el bien mutuo. La duda para optar por este sistema cae en saber si todos estaríamos capacitados para realizar tal labor, además de lo que se debe realizar para llevar el pan a casa, si fuera necesario un curso de capacitación o si, de plano, nos declararíamos totalmente fuera de contexto y de ello, ya tuvimos una buena probadita con el encierro de casi dos años de duración.

Para tener una buena perspectiva, sólo recordemos las clases que más nos gustaban de chicos y en más de una, seguramente, descubriremos que no era nada más el contenido de la materia, sino las historias con las que los maestros acompañaban las fórmulas, las teorías o los tratados y de alguna manera, que todos somos narradores lo que nos hace educadores potenciales, pues hay que recordar que el aprendizaje es, en un ochenta por ciento, de quien recibe los contenidos. Bueno, también es cierto que a veces es el docente el único que escucha lo que dice, por lo que algunos afirman que en realidad se aprende cuando se intenta enseñar a otros; curiosidades de una vida que, por fortuna, debe definirse a diario. Salud.

Beto

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