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| Mucho del discurso de odio resulta de sentirse atacado en los significados sociales. Foto: BAER |
¿Qué características deben tener los conceptos para convertirse en símbolos? Primero habría que saber el porqué los humanos les demos tanta importancia y después entender la mecánica de su transformación. En primer lugar, el cerebro humano funciona con significados, es decir, manifiesta una actividad dual en la que unas cosas son coherentes y otras no, según la cultura en la que se haya crecido; hay conocimientos cuyos datos que los componen los hacen parecer monolíticos e inamovibles, hasta que llega un punto en la que no queda de otra que apelar a su relativización por los ajustes que los hacen más coherentes que antes; vuelvo al tema de la magia, que si se abordara en la Europa del siglo XIII, veríamos que su concepción era absoluta y maligna.
En la actualidad, esa concepción ya no existe, aunque haya un pequeño espacio en nuestra cabeza que cree en la posibilidad de que sí. Lo que logramos entender es que los magos actuales realizan trucos sin poseer poderes sobrehumanos. Ese mismo espacio mental nos permite pensar en universos alternos, paraísos multidimensionales o apariciones de personas de otras épocas y para lidiar con todo eso, debemos crear herramientas que nos permitan entender su “existencia” desde un punto de vista platónico y esas herramientas son los símbolos. Se trata de sobre significaciones que un objeto o concepto adquiere más allá de su uso y significado originales, los cuales no pierden pero que con la nueva concepción de su naturaleza, adquieren además, un valor mayor.
Néstor García Canclini propone un estudio de la producción simbólica (título de su libro) desde la sociología del arte, en cuyo esquema establece que lo importante, más allá de reproducir lo que sucede en un grupo social, es provocar la reflexión sobre las condiciones del ambiente social y sus mecanismos, haciéndose eco de lo afirmado por Fred Forest en 1972 acerca de un experimento realizado por él mismo en el periódico francés Le Monde. ¿Qué pasaría en ciudades como las nuestras si se propusiera al público que explicara sus inquietudes acerca de símbolos actuales, por ejemplo en la música, la ciencia o el arte? O mejor aún, analizar los reacciones que hemos visto en los últimos años en las redes sociales cuando un sector se siente atacado en sus símbolos. Salud.
Beto

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