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miércoles, 20 de octubre de 2021

Educación de los sentidos

¿Se le puede enseñas estética a un niño
desde casa?. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En estos tiempos de imposición de lo audiovisual, la naturaleza de nuestras tareas apunta hacia el disfrute y la valoración de todo lo que nos inunde de sonidos y color, así sin que quede hueco alguno, pues el silencio y la ausencia de luz podrían ser contraproducentes para nuestro funcionamiento; al igual que en la comida, el consumo de imágenes no impone la satisfacción sino la saturación de la vista de manera inmediata y total, pero ¿quién o cómo se nos enseña a utilizar la vista o el oído? Suponiendo que no todos tenemos acceso a las escuelas de arte. Antes que todo, ¿cómo discernimos en lo cotidiano, qué es digno de verse o escucharse? El derecho a mirar o a oír ha dado como resultado una democracia audiovisual ambigua.

En esto intervienen el estudio de la estética, la sofisticación del gusto y la socialización de ambos en ámbitos cotidianos; la afición por la música -por ejemplo- se adquiere, teniendo un mayor arrastre, el roce con grupos a los que se quiere pertenecer en edades tempranas, refiriéndonos a la adolescencia como aquella donde se empieza a experimentar, todo lo anterior son imposiciones por estereotipos, porque lo escuchan en casa, porque es lo que deben escuchar los niños o porque está de moda. Lo visual es a la vez más libre y más introspectivo pues su consumo puede pasar inadvertido, es decir, nadie más que uno mismo sabe lo que se está viendo y qué de ello es lo que nos gusta; el sonido requiere de un mínimo de explicación, las imágenes son volátiles.

Lo cierto es que ambos tienen un ritmo que se especifica con la intención y también ambos son susceptibles a la estridencia. No podría afirmar que hay una afición a las imágenes per se, pues lo que buscamos en ellas, en general son historias, fuera de eso, sólo veríamos manchas bonitas en un lindo tapiz. Lo que complementa a una imagen atractiva, es la posibilidad de que se convierta en un símbolo; los significados que damos a lo que vemos juegan un papel preponderante en el hecho de convencernos de que algo vale más allá de lo evidente, por ejemplo, una simple cruz con todos sus lados iguales que al presentarla en dos colores distintos, adquiere dos valores que nada tienen que ver con el signo de adición en matemáticas.

Entonces, si vemos una cruz roja, además de entender su significado, le daremos un valor que en lo cotidiano nos brinda confianza, en cambio una cruz azul, en logar de identificar sólo a una empresa, crea también una afición hacia su equipo deportivo. Pero, ¿qué procesos debemos implementar a la hora de valorar una fotografía, una escultura o una pintura más allá de que nos gusten o no? ¿Cuáles deben ser las referencias que, como espectadores, debemos tener para valorar un trabajo de ésos además de lo que exige la academia? Es posible que los lineamientos estén dados, pero no tanto en la didáctica de los contenidos en el aula, lo que deja el campo abierto a una posible práctica de enseñanza desde lo cotidiano algo más razonada. Salud.

Beto

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