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miércoles, 13 de octubre de 2021

Las condiciones del aprendizaje

La práctica nos lleva al mismo
trabajo razonado. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No es lo mismo condicionar el aprendizaje que acondicionarlo; la parte dictatorial responde a las necesidades sociales de un grupo si hablamos de la generalidad y al acceso a las herramientas didácticas según presupuestos, en la individualidad. Ambas partes combinadas dan como resultado las formas de hacernos de los conocimientos necesarios para lograr el máximo desarrollo profesional. Pero ninguna teoría se escapa de la práctica; si nada de lo que pensamos tuviera comprobación o disprobación, el conocimiento no tendría razón de ser, ni mucho menos, acumularlo, por lo cual el avance no existiría. Además, las sociedades -por fortuna- tienen memoria y así, el trabajo adquiere relevancia sin importar su naturaleza pues en todos los ámbitos es complementario.

Por supuesto, no hay dicotomía entre lo intelectual y lo manual, sólo se trata (como en un ecualizador) del porcentaje que invierte en cada actividad; un trabajo de carpintería o de plomería requieren de un razonamiento muy puntual y específico y mucho de esfuerzo físico, por su parte, el de un laboratorista o un escritor, quizá no sea un derroche de sudor, pero imponen una actividad cerebral superior a la física en el individuo que la realice. Ahora bien, partiendo de la base de que toda profesión parte de un oficio, tanto en su origen como en su aplicación individual, el supuesto rector de todas las prácticas, es la búsqueda de mejoras en las condiciones de trabajo, prevaleciendo la idea de la optimización de los recursos.

Lo anterior no significa que, con cada adelanto desechamos por completo lo anterior, como sea, cada forma de realizar las tareas que nos competen, han servido de escalón para el desarrollo de la misma actividad. Está claro que el acondicionamiento de un espacio dedicado al aprendizaje es primordial para que éste se dé de facto pero, ¿cómo acondicionamos a nuestro cerebro? En realidad éste actúa como los ojos, que al abrir los párpados, ven. Nuestra masa encefálica está registrando datos todo el tiempo y aprende conforme la información que recibe por los sentidos, se vuelve útil para cada evento, almacena la que no utilizaremos de inmediato u olvida aquello que nos será totalmente inútil, por ejemplo, la manera en que nos peinamos el mes pasado.

Habrá quienes logren memorizar incluso las vueltas que le dieron al pañuelo desechable al limpiarse la nariz la semana pasada y con lujo de detalles, otros sólo lo dirán porque confían en la mecanización de sus movimientos, los demás, de plano no lo habremos tomado en cuenta, sin embargo, ¿sabrán cuántas gotas de agua colgaron de la pared frontal del lavabo cuando se lavaron las manos? Y no es porque su cerebro no lo haya registrado, sino porque consideraron que es información inútil. De la misma maneta tratamos a lo que intentamos aprender en el aula o los libros; son los detalles escritos o ausentes los que van a conformar la estructura y las condiciones necesarias para aprender mejor. Salud.

Beto

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