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| Estudian o se los carga el payaso. Foto: BAER |
Con tantos estudiantes y tantas escuelas (aunque todo el tiempo se ha afirmado que son insuficientes) nuestro país debería ser una nación de científicos, no nada más de los de bata y laboratorio, sino de gente pensante que fuera capaz de razonar cuanto contenido cayera en sus manos -o ahora en sus dispositivos móviles- sin embargo, las muestras de ignorancia (voluntaria o no), prevalecen si no es que se multiplican. No hace falta tocar fanatismos de ninguna índole, basta con revisar los múltiples mensajes que han circulado en forma de cadena desde el uso del correo analógico, si se me permite la expresión, para darnos cuenta que el discernimiento no es una facultad recurrente en las sociedades que componen el país.
Lo anterior no es privativo de las personas con escasa escolaridad, a uno que otro profesionista se le ha escapado una que otra pifia teórica, entonces, si no es un tema que resuelva la escuela, ¿qué es lo que nos hace vulnerables a fintas informativas? ¿En dónde encontramos protección? Allá en el lejano 1980, el extinto INCO (Instituto Nacional del Consumidor), ofrecía información sobre cómo estar enterados de precios y la mejor manera de realizar compras, además de dar a conocer sobre publicidad engañosa, entendiendo a ésta como la que anuncia características de un producto el cual no las tiene; existen ahora asesorías de todo tipo que están ideadas para solventar todo tipo de problemas, incluidas las que se ofrecen en el formato de video tutorial.
Y bueno, con tanta información pululando por ahí, pareciera imposible caer en publicaciones falsas dirigidas a generar incertidumbre, ya sea provocando miedo o aversión a situaciones que pintan fuera de nuestro control, pero que no proporcionan datos básicos como el origen de la información, el responsable de la misma, la fecha en que fue emitida, etc., con lo que al menos pudiéramos darnos una idea de la magnitud del supuesto problema al que debemos enfrentar y, por lo mismo, resulta que son mensajes que llevan años circulando y provocando los mismos efectos casi en la misma gente. Cuidado con ellos pero, por lo pronto, si no le dan un laic y comparten esta publicación, les caerá la maldición de la momia de Guanajuato. Salud.
Beto

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