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| La atención personal suele ser ilusoria en las pantallas. Foto: BAER |
Lo cierto es que su uso requiere de mayor responsabilidad por parte de quien pretende aprender, pues no tendrá la vigilancia del docente de forma tan directa que le permita culparlo de un bajo rendimiento por presión excesiva o por todo lo contrario; por otro lado, ese docente también verá en aumento cierta presión al no poder tener los indicadores de desarrollo de sus alumnos como los tendría en el aula, así que su responsabilidad se concentrará en encontrar nuevas formas de detección de esos indicadores. Lo único evidente es que la inversión en la confianza entre ambas partes deberá ser más explícita, un tema que la tecnología per se, no ha solventado pero que siempre propone nuevos retos.
La búsqueda de mediadores confunde, a veces, la facilidad de socializar con la suplencia de argumentación, algo que podía solventarse anteriormente con intermediarios humanos que servían de traductores emocionales y limadores de asperezas. Un trabajo que solían hacer individuos del sexo femenino con más de cincuenta años de vida, curiosamente, las relaciones llevadas a cabo bajo este esquema solían durar más tiempo y, en caso de fractura, se solucionaban con mayor facilidad. En el salón de clases, el maestro funcionaría de la misma manera a nivel académico en la relación entre sus alumnos y los teóricos de cada materia quienes por distancia o por tiempo, no pueden estar en el aula, la interactividad es así más humana o propensa a serlo.
En cualquiera de sus formas humano-máquina-humano, alumno-maestro-libro o alumno-maestro-alumno, el intercambio de ideas se verá afectado por el mediador dado que las circunstancias en las que éste se encuentre, modificará la percepción del mensaje; una pantalla puede crear la ilusión de atención personalizada mucho más fácilmente que la interacción en el salón de clases aunque ésta pueda romperse por la naturaleza impersonal del medio, es decir, cómo debe ser el trato desde el cuadro televisivo puesto que, al maximizar los gestos, la forma de conducirse de quienes están al frente de las cámaras deberá ser poco intensa, por lo tanto impersonal o por así decirlo, la pantalla prescinde de la teatralidad del aula. Salud.
Beto

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