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| Los ejercicios mentales también son mejores en compañía. Foto: BAER |
Y eso de encontrarle un afán particular a cada día, instalados en un empleo poco gratificante, en tiempos poco atractivos para romper con rutinas adormecedoras, es una carrera con obstáculos cada vez más grandes, por lo que tomar las cosas con calma y respirar un momento para hacer ajustes se vuelve necesario. Los que siempre han manifestado un apego profundo a la disciplina y al orden, entenderán perfectamente una rutina de calentamiento cerebral; se trata prácticamente de repasar imágenes agradables (reales o ficticias) que vayan abriendo nuestra mente por partes y en un orden arbitrario de dificultad, atractivo, de impacto o por cercanía, por ejemplo, si ya tenemos establecida la hora en que debemos levantarnos, posiblemente sea útil poner el despertador cinco minutos antes.
Por supuesto, tomando en cuenta que se debe tener un horario fijo para ir a la cama, lo que implicaría también hacerlo con cinco minutos de antelación. Ese pequeño lapso es suficiente para poner en orden nuestros pensamientos, conste que no para planear el día entero, sino para adelantar el disfrute del baño matutino, claro está que en una familia resulta imperioso ponerse de acuerdo en el uso de los espacios o los utensilios, lo que refuerza la idea del respeto al horario de sueño de cada miembro. Pero cada actividad requiere un reajuste, antes de iniciar labores, antes de comer, antes de asistir a un concierto o a una función de cine, porque no es productivo llevar el ritmo ni la dinámica de las actividades anteriores a un espacio nuevo que va a exigir otro tipo de atención.
Las cargas emotivas suelen ganar peso conforme pasa el día y quizá sea ésa la razón por la que algunos terminamos tan cansados al final de la jornada; si no vamos soltando esa afectividad con cada actividad que realizamos, el dormir tampoco será tan placentero como debiera y esta acción también requiere de preparación. Una actividad nueva no se realiza bien ni es tan gratificante si se realiza con el ánimo de una actividad anterior, es como ir totalmente enfiestado a un velorio y viceversa. Después de todo este tiempo en que los niños dejaron de asistir a las aulas, sería prudente prepararnos para un reingreso al cual lo envuelve la incertidumbre; las relaciones han cambiado, quizá un poco, pero el cambio parece irreversible. Salud.
Beto

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