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miércoles, 7 de julio de 2021

¿El aprendizaje es atractivo?

No sólo es advertir, también
hay que indicar las formas. Foto: BAER

Es imposible aprender en automático, pero sí hay un instante en que nuestra cabeza hace click con lo que escuchamos o leemos y todo comienza a aclararse; el esfuerzo para lograr ese enganche variará según la complejidad que detectemos con base en las referencias que tengamos al respecto. Si el manejo de la información por parte de quien instruye y el bagaje acumulado de quien es instruido constituyeran una línea de tiempo, ¿qué habría entre uno y otro? Primero que nada, algo que todos los maestros realizan mediante un diagnóstico, saber el nivel de conocimiento que se tiene en el inicio y luego el que va acumulándose en el curso.

Para eso sirven los exámenes o al menos, para eso deberían servir; segundo, el uso de herramientas que faciliten la aprehensión de la información, tanto para que el discente la haga suya como para que el docente descubra la adaptabilidad potencial de las mismas; y tercero, tener como único prejuicio que cualquier contenido es divertido para ambas partes. Entonces, el diagnóstico no se limita a conocer la cantidad de información acumulada en cada cerebro, ni cuántos datos puede repetir oral o kinésicamente, sino también descubrir cómo se refiere el alumno respecto de algún tema y, en el colmo del entendimiento, si le ha sido útil.

Que hay maestros sensibilizados al respecto, pero la mayoría no está preparada para ello por falta de tiempo, exceso de trabajo o variedad del mismo que deja a la docencia en un nivel de importancia menor al de su actividad principal, en específico en los niveles medio superior y superior. Por mucho que se tenga la información y la capacitación para mejorar al respecto, por ejemplo con lo que ejemplifica Paulo Freire al referirse a la educación significativa, el esquema de sobrevivencia en la vida profesional de este país no permite imaginar un desarrollo dedicado a la enseñanza de forma apacible, pues los docentes no adscritos al sistema gubernamental (estatal o federal) no tienen ninguna seguridad.

Ni siquiera el trabajo bien hecho le garantiza a un maestro el mantener su empleo, dado que, más que su capacidad o conocimientos, es importante que se alinee al pensamiento de su empleador. En un ambiente así ¿qué se aprende? A seguir sobreviviendo, unos llenando de datos las cabezas a su cargo y los otros, a obtener puntajes por su capacidad de memorización de contenidos y métodos. La espontaneidad encuentra una jaula donde a la erudición se le ve de forma monocromática y unidireccional que convierte a los maestros en productores de refacciones, lo que Bertrand Russell llamaría “el nivel absurdo de uniformidad”. Salud.

Beto

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