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miércoles, 14 de julio de 2021

Arte, ¿útil o contemplativo?

Para que algo sea considerado arte,
alguien con poder debe señalarlo. Foto: BAER

Las mentes creativas suelen aparecer cuando y donde menos se les espera; es posible que, debido a lo abrupto que suele parecer su aparición, sean tomadas como irreverentes, contestatarias y peligrosas. Algo hay de cierto pero, como en todo, debe vérseles desde dos perspectivas que tienen relación con la oportunidad, la pertinencia y la posibilidad. Por lo general, su surgimiento tiene su origen en la inconformidad tanto social como particular y en ambas tiene como destino, señalar una situación de inequidad; el vehículo más socorrido para esos menesteres es el arte, sin dejar de lado otro tipo de activismos que tienen un apoyo marcado en éste.

La primera perspectiva se define por el compromiso con una causa, de nobleza sustentada en la sensibilización por algo que a la mayoría podría pasar inadvertido, pero que corre el riesgo de volverse propaganda ideológica, lo cual no es un pecado, sin embargo, el adoctrinamiento al que se enfoca su fin último cierra un círculo que posiblemente haya sido el origen mismo de la inconformidad. Por ejemplo, que un grupo de pintores o músicos, sensibles a la desigualdad prevaleciente con respecto a la participación laboral, propongan en sus obras una crítica que al final sea interpretada como un movimiento para el desquite.

La segunda perspectiva tiene que ver más con la contemplación de las formas expresivas del arte mismo, que tiene su afectación en los creadores al poner técnicas y motivos distintos a lo que vendría utilizándose hasta el momento de las nuevas propuestas; más común y sencillo de clasificar para los entendidos de arte, pues en ocasiones los cambios significan retomar corrientes utilizadas con anterioridad, como en el caso de comparar las múltiples pinturas con temas semejantes, por ejemplo, “Las meninas” de Velázquez y la interpretación desde el cubismo que realizó Picasso con un efecto distinto.

Cualquier expresión artística responde a estas dos perspectivas, ya sea en el activismo social o la contemplación, cada obra deberá pasar por el tamiz del gusto popular una vez que alguien con cierto poder la haya señalado como obra de arte y, por supuesto, tenga la justificación completa de su señalamiento. Entender el arte para los no artistas representa un reto más allá del simple gusto, que tampoco significa identificar figuras o sonidos, sino captar espacial y temporalmente la intención del artista para lograr con ello, documentar y afinar su sentido de la estética, como cuando un platillo trasciende las papilas gustativas y se convierte en un recuerdo entrañable. Salud.

Beto

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