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miércoles, 2 de junio de 2021

Conocimiento integrador

El chiste es no dejar que el océano de
la ignorancia crezca. Foto: BAER

Por fortuna no a todos, pero en un buen porcentaje, en México no se estudia para aprender sino para obtener una nota que sólo avala el haber contestado algunos reactivos cada cierto tiempo, cuyas respuestas se olvidarán ya que no representan algo significativo en la vida de cada estudiante; del otro lado de la moneda educativa se encuentra la memoria per se. En todo el tiempo del México independiente se ha tenido como ley no escrita que el verdadero aprendizaje se adquiere en el mundo laboral, que la escuela es únicamente un laboratorio en el que se tiene el permiso de cometer errores, ya que no significan pérdidas económicas, salvo a los padres de familia.

¿Cabría preguntar entonces para qué se sistematizó el conocimiento con tanta antelación? Si se estudia para tener un trabajo con mejor remuneración y no es sino hasta que se tiene el trabajo que se aprende en realidad, ¿por qué no aprender con trabajos pagados? Antes de caer en discusiones sobre la explotación infantil, recordemos los criterios con los que encomendamos tareas a los niños, por supuesto, hablando de familias conscientes que ven la importancia de aprender tareas ineludibles como las domésticas desde temprana edad. Son esos criterios los que nos ayudarían a entender que hay un vacío en el concepto de responsabilidad que damos a los niños.

Van a la escuela a aprender porque “es su única obligación”, pero no tenemos una explicación clara, como padres, del uso cotidiano a la suma de quebrados o que el sujeto sea la parte actuante de la oración o que las siete maravillas del mundo antiguo hayan sido suplidas por otras o que la degradación de Plutón haya dado marcha atrás y ya se vuelva a considerar planeta y no planetoide (dato por confirmar). Y es que a nosotros tampoco nos dijeron para qué nos iban a servir la raíz cuadrada ni la cúbica. Es posible que ahora, por cuestiones emergentes, empecemos a entender la importancia de distinguir bacterias de hongos o virus y así protegernos.

Quizá sea mucho pedir que pongamos los conocimientos de química adquiridos en la secundaria al servicio de la limpieza de los trastes en la cocina, pero si se pudiera, ello nos daría otro esquema de pensamiento para que un empleo remunerado nos agarrara totalmente en blanco, posiblemente reduciendo la dicotomía entre el saber académico y el saber común, crear o volver a crear una sabiduría integral que abarcara todas las ciencias en micro universos económicos o políticos y dejar de oponer resistencias infructuosas que más bien parecen pretextos para no actuar. La especialización de la escuela no la hace ajena a ser una extensión de casa. Salud.

Beto

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