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miércoles, 26 de mayo de 2021

La aprehensión de las fórmulas

Llegamos a calcular la cantidad de agua
que consumimos al día. Foto: BAER

Es básico para cualquier formación matemática, lo es incluso para cualquier materia o ciencia que tenga al cómputo como una herramienta de conocimiento, sin embargo, la idea de la multidisciplinariedad permite observar otras herramientas que hacen más confiables a las ciencias no exactas y más humanas a ésas que requieren comprobación numérica. Esto no se trata de una mejora o adecuación tecnológica, sino de un cambio en la concepción de su utilidad, es decir, cómo han de interpretarse los datos que se obtengan en cada una de las ciencias a tratar; por ejemplo, ¿qué nos significa un porcentaje, el producto de una base por la altura o la reacción de una sociedad ante un estímulo?

La definición básica (otra fórmula) del verbo formular nos dice que es “expresar algo en términos claros y precisos”, entonces un plan, la estrategia de un partido, el camino a seguir en una investigación, deben formularse con el fin de facilitar su comprensión. Hasta hay ciertos juegos de mesa que requieren una fórmula para su desarrollo como las damas, el backgammon, las cartas y el que dicen se acerca a la ciencia, el ajedrez. A los formularios podemos encontrarlos en diferentes formas; un diccionario es uno de ellos, el manual de operaciones de un aparato electrónico también como el de procedimientos que tiene el cuerpo de bomberos de cada ciudad.

Es más, cada uno de los usuarios de telefonía móvil, tiene es sus manos una serie de fórmulas para enviar mensajes, publicar fotos, descargar música, bueno, incluso para hablar; repasemos mentalmente los pasos que debemos dar para cada una de esas acciones y preguntémonos ¿cómo es que logramos automatizar esos pasos? ¿Hay acaso fórmulas para aprender fórmulas? Mucho tiene que ver el uso continuo, por supuesto, pero ello no es la causa sino la consecuencia de haber entendido que seguir esos formularios nos es útil, sin embargo, nada tiene que ver esa utilidad con nuestra productividad económicamente hablando a menos que éste sea nuestro negocio.

¿Será factible aprender fórmulas matemáticas, físicas o químicas de la misma manera en que aprendemos a manejar un celular? ¿Por qué la estadística y el cálculo no parecen tener el mismo atractivo mas que para quienes suponemos genios en el ramo? Es posible que no hayamos encontrado una utilidad práctica en las tareas que realizamos a diario, aunque realicemos cálculos en cada actividad de manera intuitiva, como sucede al cruzar una calle transitada. No quiero implicar que debemos estar con una calculadora en la mano todo el tiempo, pero sí que demos una oportunidad a ese matemático que llevamos dentro. Salud.

Beto

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