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miércoles, 21 de abril de 2021

Planear en la incertidumbre

Planear para buscar o buscar cómo no planear.
Foto: BAER

Una palabra que se opone a la espontaneidad como amenaza a lo que tenemos introyectado en el inconsciente colectivo; así como hemos sobre valorado a la juventud, también lo hemos hecho con el azar en la medida en que creemos que nuestros destinos están ya escritos en páginas de un libro que señala todo como inevitable. Como tímida defensa ante esa concepción está la idea de lo decretado que, al menos, establece que algo de nuestra voluntad interviene en lo que deseamos conseguir, pero algo mágico flota en ese ambiente de cualquier forma, lo que inconscientemente quita algo de responsabilidad sobre nuestras acciones y media para que la frustración sea más llevadera.

Porque en cuestión de tolerancias pareciera no estar incluida la de ajustarnos a un orden, al menos no todos porque habrá las honrosas excepciones; planear no es un verbo que conjuguemos con un estricto apego a lo que necesitamos, a menos de que se trate de una fiesta. Planear debe ser, para nuestros ánimos, una acción que se justifique en lo laboral por ser una exigencia jerárquica, pero que en lo cotidiano le quita lo “emocionante” a la vida. Por eso es mejor ser espectador que director técnico en un partido de fútbol. Quien afirme que le ha ido mejor dejando que “las cosas se den” es muy probable que haya vivido media vida.

No quiero implicar que absolutamente todo deba ser agendado, hay casualidades felices, pero no planear y afirmar que se está conforme, evidencia la inserción a la tendencia a dejar al azar la consecución de las metas. La misma tendencia que se justifica con frases como “si Dios quiere”, “si los astros se alinean” que dejan la responsabilidad de los actos en manos ajenas; es posible que todo parta de una concepción determinista de la existencia y las diferentes promesas de una post vida. Es cierto, no tenemos comprada la estancia en este mundo, no nos pertenece el tiempo pero, ¿entonces cómo es que se define a la muerte como la perdida de la vida? No se puede perder lo que no es nuestro.

¿Qué pasaría si cambiáramos de idea y nos diéramos cuenta de que todo es al revés? Aun con nuestra idea de la vida después de ésta, lo que nos llevamos es lo que vivimos, nunca lo que usamos o compramos. Si lo material aquí se queda, entonces lo único que tenemos en propiedad temporal es nuestra vida, un esquema de pensamiento que debería permitirnos expresar un mayor respeto por la misma; así como cuando adquirimos un terreno, debemos seguir las reglas de uso del suelo, la vida debe tener un propósito de servicio para los demás, tomando en cuenta que lo que decidimos hacer, nadie más nos lo pidió, por lo cual debemos hacerlo con buena cara y planeado. Salud.

Beto

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