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Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 14 de abril de 2021

De aquí soy

Cabe preguntar ¿quiénes son “nosotros”?
Foto: BAER

Una buena parte de nuestra identidad está repartida entre las agrupaciones a las que nos afiliamos, ya sea por cuestiones laborales, de esparcimiento o educativas; las segundas no tienen mayor problema pues, al imponerse sólo la voluntad, puede dejárseles sin miramientos como un grupo de lectura o uno de viaje o posiblemente hacerse parte de alguno de por vida aunque no participemos de él como en el caso de un equipo de fútbol; sin embargo, para los otros dos, el distanciamiento influye negativamente para sentirnos parte de ellos. Informarnos, trabajar o estudiar desde casa supone ciertas comodidades que las hacen prácticas atractivas en el sentido de que el esfuerzo invertido disminuye considerablemente.

Las clases a distancia han venido a solventar medianamente la necesidad social de seguir preparando a las nuevas generaciones, para que en el futuro se hagan cargo de este mundo. La confianza de que ello funcione no estriba necesariamente en los contenidos que se manejan en el medio utilizado que es la televisión, sino en la capacidad del titular de la o las materias para manejarla y la disposición a aprender que tengan los alumnos en cada nivel educativo. Hay, por otra parte, un pequeño detalle que influye casi imperceptiblemente en la formación académica, éste es el sentirse parte de la institución a la cual nos afiliamos, algo que requiere cercanía.

La simple exigencia del uso de un uniforme no garantiza la pertinencia de un miembro a su grupo en condiciones normales de convivencia, menos ahora que ésta se ha restringido al uso de la ortopedia electrónica; desde la sana distancia es difícil percibir detalles que van conformando el carácter y que sólo se dan con el contacto directo. Los hay que hacen entender la camaradería y la cooperación que ésta conlleva; también la reafirmación de lo que se cree y se sabe o la humildad para cambiar de perspectiva e incluso, se aprende a delimitar complicidades, todo ello con el compartir útiles, la competencia o un simple gesto.

La pertenencia se basa en un trabajo diario, que se va aprendiendo con su ejercicio que, al igual que en un músculo, debe ponerse en acción pues de no hacerlo así, se va atrofiando hasta llegar a un punto en el que se olvide. Quienes tuvimos la suerte de completar cada etapa educativa dentro de los muros de una institución e inclusive, tuvimos el privilegio de representarla en algún evento cultural o deportivo, seguramente guardamos recuerdos que nos formaron de tal manera, que nos hace entender que seguimos perteneciendo de forma directa, sin que medie un aparato que hace las veces de salón, de profesor, de contenido, pero quizá sin compañeros. Salud.

Beto

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