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miércoles, 7 de abril de 2021

El histrión docente

Complementarios pero no mezclados.
Foto: BAER

El trabajo docente abre posibilidades de desarrollo de facultades que en otras prácticas sería difícil llevar a cabo; el titular de una clase debe convertirse, por momentos, en consultor externo, enfermero, confidente, adivino y, en un alarde de habilidades camaleónicas, histrión. Comparado con un actor en cualquiera de los medios, la cantidad de actuaciones que debe preparar un docente supera por mucho a las de aquel, no sólo por la cantidad de escenarios que debe atender, sino por lo cambiante de los contenidos y su adaptación para cada público; las temporadas en teatro, por ejemplo, pueden sumar meses lo que significa el mismo texto, en clases no van más allá de una semana.

Otra ventaja en la actuación es que el público suele ser anónimo, mientras que el docente debe mantener interesado al mismo conocido por un semestre o un año a pesar de que ese público crea que ya le tomó la medida. La audiencia de teatro, de cine o televisión va dispuesta a ser engañada pero sabe que lo que presenciará es ficción; la del aula está presente, forzada por distintas circunstancias y suele pedírsele que sea crítica con la información que recibe. Lo que llaman improvisación en la actuación, en la escuela debe ser la adaptación de los conocimientos y los referentes a las dudas que surjan, con el fin de crear nuevos conceptos.

Al actor sólo lo presiona su director, al docente la SEP, la delegación, su director, los padres de familia y hasta los alumnos; las críticas suelen ser benévolas con el primero y lapidarias con el segundo. La comparación sería ociosa si no fuera porque en esta realidad los más improductivos son los que gozan de privilegios y canonjías mientras quienes producen, muchas veces deben alinearse al vivir día a día. Es verdad, un docente no pretende la veneración, pero no estaría mal que al menos se le reconociera su esfuerzo diario regresándole la autoridad que se le ha quitado sistemáticamente en aras de una trasnochada visión de lo que debe ser su servicio.

La dualidad enseñanza-aprendizaje ha dejado de ser un apostolado desde hace mucho; ya no se concibe como un sacrificio en el que hay que dar hasta la vida con tal de que otros aprendan. En su lugar está la concepción de que se trata de un contrato social en el que hay derechos y obligaciones en ambos lados y ninguno en detrimento del otro. Pero nada cambiará para bien si no deja de considerarse a los medios y el entretenimiento que ofrecen como una competencia directa del aula, no lo es porque se trata de dos universos distintos, con objetivos distantes aunque complementarios y donde cada uno debe sustentarse desde su naturaleza. Salud.

Beto

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