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| La verdad nos panfirulea el poner nombres. Foto: BAER |
Lo que medfia entre percepciones es la confianza en que todos captamos de la misma manera el mundo, al menos en el plano sensorial. Pero, ¿las máquinas que tenemos a la mano son capaces de asegurarnos que así como percibimos los colores, los perciben los demás? Es decir, en lo que confiamos es en la coincidencia verbal en cuanto a lo que la luz refractada nos sugiere, pero ¿qué tal si esa refractación en unos ojos se percibe como rojo y la misma en otros se ve como verde? Y los dos coinciden en que se trata del color rojo. Por supuesto, esta condición extrema sólo sirve para ilustrar los acuerdos a los que llegamos para nombrar las cosas, aunque esos nombres algunas veces, parecieran inherentes a lo nombrado.
Un nombre es una palabra poderosa, tiene un significado que, de alguna manera, crea un compromiso que delimita el comportamiento de un ser vivo o la existencia de un objeto. Asimismo, va reglamentando la percepción que se tiene de ellos; con sólo mencionar la palabra “mesa”, se despliegan ante nosotros las cualidades de los materiales, su utilidad, si cumple con las dimensiones según el espacio que ocupará, el estilo y si su origen es noble por cuestión de un sobrenombre que llamamos marca. Nombramos también a las acciones y cada una de ellas remiten al lugar donde se llevan a cabo, la duración de su realización y el número de personas que pueden participar de ellas, aunque genéricamente sólo sean verbos.
La convención nos une mediante el habla donde los acuerdos adquieren formalidad por medio de lenguajes que, a su vez, dan vida y dinámica a las lenguas y ellas también son nombradas. No hay magia más allá que el dar nombre, no hay acción creadora que nos acerque más a lo divino. La primera acción humana de Adán fue poner nombres a las cosas y como hablantes noveles, lo primero que queremos saber de cada objeto es cómo se llama. Nuestro cerebro funciona con las estructuras mentales que formamos a partir de la palabra, la cual como combustible, va construyendo y destruyendo a la vez los conocimientos en una especie de metabolismo universal para la creación. Salud.
Beto

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