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miércoles, 24 de febrero de 2021

Letras camaleónicas

De donde menos se piensa, surge la aventura.
Foto: BAER
Sólo lo que no percibimos y en lo que no intervenimos la naturaleza ni nosotros, es inmutable; hasta los mundos ideales manifiestan cambios, muchas veces al capricho de gente distinta al que los creó. Una hoja en blanco es pasiva, casi invariable salvo por la tonalidad que adquiera en el tiempo por su exposición al sol. Esa transformación es involuntaria, tan sólo par acción química de algunos componentes del cambio de la medera o del reciclaje del papel. Mantener inmaculada una página, es condenarla a no realizarse, es negar el propósito para el que fue hecha, es reducirla a la inutilidad ignorando sus posibilidades puesto que todas las manos son las adecuadas.

Una hoja escrita tornará su rostro con cada lectura, los descubrimientos van brotando debido al cambio de ojos o de la naturaleza de los mismos; el significado, la impresión o la afectación de un escrito no serán los mismos en la lectura de un infante que en la de un adulto, aunque sea la misma persona, la valoración que haga será distinta si su situación económica cambia o si hay alguna ausencia en su situación sentimental; la crítica será más o menos benigna dado que una hoja escrita es dinámica, la relación entre ambas se dará en un vaivén cíclico que no tiene más defensa que las propias palabras que contiene, será altamente activa, por lo tanto, vulnerable.

El texto se desnuda a sí mismo, se expone sin tapujos, se abra a posesiones atentas o graseras por igual, simulando la entrega de un amante que únicamente pide ser explorado, que se abandona al caprichoso gusto de quien lo posee. La hoja escrita a mano muestra cicatrices otrora ajenas, que se apropió al instante en que la pluma le confió el punto final, cuando el autor regresa a las sombras del anonimato dejando el protagonismo en la relación particular del texto con el lector. Ahí la intimidad se vuelve tan abrumadora como hermética, de voluntades abandonadas a la imaginación y complicidades ignorantes del colectivo involuntario promovido por la casualidad.

Un texto se volverá un refugio para las conspiraciones, los contubernios, los tratados de paz o guerra; el puño y la letra dejarán constancia de que hubo consciencias en comunión, como el resumen de las voluntades dispuestas a repetir sus encuentros bajo el cobijo de la concordia. El reconocimiento entre ambos protagonistas, lector y texto, aumentará con la fuerza del reencuentro, con la confianza de que las reinvenciones saldrán de su escondite evidenciando los cambios producidos en los dos; aparecerá la complicidad que sólo emerge entre los que han compartido el tiempo como para mimetizarse creando la verdadera unidad virtual. Salud.

Beto

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